Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre

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1:8 Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre; 1:9 Porque adorno de gracia serán a tu cabeza, y collares a tu cuello.

Bueno!, cuanto nos cuesta entender este principio. Siempre he sido una persona “independiente”, pretenciosa y hasta testaruda, siempre tuve el conflicto de no entender algunas de las correcciones que me hacían mis progenitores, aunque confieso siempre se imponían. Pero la actitud de rebeldía estaba ahí, latente, sin hacer por lo menos el mínimo esfuerzo de comprender.

Gracias a Dios, se impusieron a la fuerza, gracias a Dios hoy puedo darle las gracias por lo que hicieron. Me evitaron tantas cosas negativas, tanto sufrimiento, tanto pesar. Dios no se equivoca, cuando los pone en el papel de tutores en nuestra vida. El sabe qué necesitamos aun antes de nacer, El tiene control de todo. Su propósito es que seamos gente de bendición, que vivamos obteniendo una constante victoria, que no solo adquiramos la inteligencia o la ciencia que nos ofrece el mundo, sino que todo esto sea complementado con la sabiduría que viene de lo alto y que en la mayoría de las ocasiones son transmitidas a través de las instrucciones de nuestros padres.

Reflexiona, da gracias, puede ser que hoy no entiendas el motivo de alguna reprensión, pero Dios sabe lo que hace, pues después de Él, tus padres son las personas que más te aman en el mundo. Bendícelos con tu obediencia.

Por Kirssys Abreu

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