La Tierra no está más agitada, la humanidad es más vulnerable, afirma experto

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Pese a los últimos terremotos en América, Europa y Asia, la Tierra no está más agitada en comparación a cualquier otro siglo, lo que pasa es que la humanidad es más vulnerable, aseguró a Efe Hugo Yepes, uno de los principales sismólogos ecuatorianos.

“No hay un cambio en lo que se podría entender como la actividad telúrica normal del planeta” si se compara con los registros “de cualquier año estándar o en cualquier siglo estándar (…). La gran diferencia está relacionada a que hay mucha más vulnerabilidad”, explicó Yepes.

“Tal vez, hay un poco más de terremotos muy grandes, pero éstos tampoco no tenemos porque no esperarlos”, porque ya han ocurrido en el pasado, precisó.

El director del Instituto Geofísico (IG) de la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador insistió en que también el número de erupciones observadas en el último decenio es similar al anterior, aunque ahora hay asentamientos humanos muy cerca de los volcanes.

Por ejemplo, dijo, “el último terremoto ocurrido en el sur de España no es un terremoto sorpresivo, esa es la zona sísmica de España; sin embargo, lo que sí es sorpresivo es que los edificios modernos colapsen”.

También “hemos tenido en el último año erupciones con víctimas en el volcán Merapi en Indonesia”, donde la gente llegó a poblar zonas próximas a su cráter, apuntó Yepes, que el pasado 13 de abril recibió el premio “Frank Press Public Service” por parte de la Sociedad Sismológica Estadounidense.

El experto dijo que en el futuro este tipo de eventos con muchas víctimas “se van a constituir, no en excepciones, sino en la regla”, puesto que el desarrollo económico también ha generado “vulnerabilidades”, que representan grandes riesgos.

Por eso, explicó que el IG alista un nuevo Mapa de Amenazas Sísmicas de Ecuador, que podrá usarse para la planificación de la gestión pública y privada, en cooperación con científicos de Francia.

Se enmarca en un proyecto internacional conocido como “Modelo Global de Terremotos (Global Earthquacke Model)”, cuyos resultados están a punto de salir, precisó Yepes.

El estudio nacional empezará por Quito, una ciudad andina rodeada por montañas, cruzada por fallas geológicas y situada al pie del volcán activo Guagua Pichincha, que entró en erupción en 1999.

Su meta es “establecer las curvas de fragilidad, la posibilidad de daños que tienen las estructuras construidas” en las ciudades, como paso previo a señalar “de manera más cuantitativa, también las soluciones”, explicó.

El IG ya efectuó ese un estudio similar en 1994, que según Yepes fue “un trabajo pionero en Latinoamérica” y sirvió como demostración para un plan mundial, impulsado entonces por Naciones Unidas, que se denominó “Proyecto Radius”.

El nuevo análisis será una continuación de ese proyecto, pero debe ir acompañada de otras acciones en muchos ámbitos, sobre todo en la educación, para crear mayor conciencia sobre los riesgos, dijo el sismólogo.

“Los terremotos y las erupciones volcánicas tienen un gran problema respecto a la memoria histórica, pues no necesariamente ocurren dentro de una dos o tres generaciones, y eso hace que rápidamente nos olvidemos”, señaló Yepes.

También reclamó mayor apoyo del sector público para investigación y puso como ejemplo su institución, en la que convergen científicos de alto nivel, pero que perciben sueldos muy bajos.

Yepes dijo que incluso el premio que recibió recientemente de la Sociedad Sismológica Estadounidense, por su trabajo para prevenir y mitigar los efectos de catástrofes en su país y en Latinoamérica, también es un reconocimiento a las difíciles condiciones en las que el Instituto Geofísico efectúa su labor.

No obstante, admitió que el empeño de él y sus colegas del IG, les ha llevado a sobrellevar los problemas, aunque ello suponga “no tener casi tiempo” para nada más.

Esa dedicación y perseverancia a permanecer en vigilia de volcanes y sismos tiene también otro tipo de recompensas, como el de la gente que agradece la labor.

Algunos de sus compatriotas le llaman “el padre de los volcanes” ecuatorianos, mote que no acepta, aunque admite que a estos colosos de granito los vigila como a sus hijos.

Fuente:7Dias.com.do

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