José María Abreu, un hombre ciego con visión

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José María Abreu quedó ciego a los 21 años, sin embargo, esa incapacidad no le ha impedido desarrollar su vida como una persona normal, sin tener que depender de nadie, hasta el punto de disponer de un negocio propio.

Don José, como es conocido en el populoso sector de Pekín donde residente, dice que en sus 70 años de edad ha tenido una vida normal como cualquier personal vidente y que nunca ha pensado que por ser ciego tiene que estar arrinconado ni mucho menos que ha perdido todo.

Es químico, nadador, masajista, radioaficionado, sabe leer y escribir (con el método Braille), tiene conocimientos en informática y con bastón en manos recorre la ciudad y toma carros del concho cuando tiene que hacer una diligencia, sin ayuda de nadie.

“Todavía soy un viejo, pero creo que puedo seguir hacia adelante”, comenta sonriente Don José, quien afirma que las oportunidades para los ciegos son muchas.

“Tenemos que ser consientes, porque no lo podemos hacer todo, pero tampoco hay que echarnos a la tristeza tan sólo por no tener vista. Los videntes tampoco pueden hacerlo todo, a veces la gente no piensa en eso. Lo que yo no puedo hacer lo hace otro, pero lo que yo puedo hacer lo hago yo, incluso en mi casa”, indica Don José.

Su esposa Vicenta Núñez de Abreu, expresa que el haberlo conocido es una de las mejores cosas que le ha pasado en su vida, porque según ella, él es un ejemplo a seguir, no sólo para los ciegos, sino para todo el mundo.

“Yo me siento muy bien, porque mi esposo es muy amable, muy sencillo y nos comprendemos muy bien, tenemos 15 años de casados y nosotros nos tratamos como novios y nunca hemos tenido problemas. Yo le ayudo a él y el también me ayuda a mí”, sostiene Vicenta.

A sus 21 años, Don José perdió la vista a causa de un tumor en la cabeza. Sin vacilar, se mudó a Santo Domingo, donde por tres años estudió en la escuela de ciegos, tanto lectura como artes manuales, hasta que un amigo de Santiago, le consiguió trabajo en las empresas de J. Armando Bermúdez, preparando cajas y fregando botellas.

“Cuando quedé ciego, yo quería desarrollarme y casarme, sin importar mi incapacidad. Una tía me cuestionaba con qué iba a mantener a mi mujer, pero yo siempre tuve por delante el trabajo y no me eché hacia atrás”, expresa Don José.

Luego de 35 años trabajando en esa empresa, tiempo en el cual se casó tres veces y procreó siete hijos a quienes ofreció manutención a base de esfuerzo y sacrificio, se retiró y dedicó a estudiar química en un centro técnico.

Hace unos años, montó en su casa una pequeña fábrica de productos como suavizante de ropa, cloro, desinfectante, jabones e, incluso, shampoo y rinse, los cuales vende directamente a las personas o distribuye en clínicas y establecimientos comerciales con su propia etiqueta.

Recientemente se graduó en la escuela de informática de la Asociación de Ciegos del Cibao de la república Dominicana (Acidird), en cuya ceremonia fue reconocido como el estudiante más destacado.

“He tratado de aprender, porque me gusta siempre desarrollar la mente en algo y cosas nuevas. Aunque yo no vaya a hacer un trabajo en el que tenga que usar la computadora, es muy importante tener el conocimiento”, considera Don José.

Paradójicamente, su “visión” progresista lo ha llevado a estudiar radio-comunicación, en la Defensa Civil; elaboración de desinfectante y cosméticos, en la Asociación Dominicana de Sordociegos; masajista corporal en el Instituto de Formación Técnico Profesional y otros siete cursos en esta última institución.

Es un oncemetrista aficionado y posee un pequeño sistema de radio comunicación instalado en su casa.

Sus amigos y personas que lo conocen desde que fundó la filial de la Organización Dominicana de Ciegos en esta ciudad, lo consideran un ejemplo de perseverancia y luchador incansable en beneficio de la gente ciega.

Fuente:Hoy.com.do

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