Agresión callada

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La madre, a quien la mayoría de los hijos coloca en el tope de su corazón, no siempre es bien tratada por sus vástagos cuando se encuentra en la etapa más vulnerable de su vida: La ancianidad.

El primer contacto del hijo es con su madre, vínculo que se deshace solo con la muerte. La vida de la madre, salvo contadas excepciones, es de entrega total hacia sus hijos, pero nunca faltan malagradecidos que las maltratan.

Duele más ese maltrato cuando esas mamás ya son ancianas y no se pueden defender ni salir a buscar ayuda porque están postradas.

A veces esas madres se encuentran inválidas o con diferentes condiciones que requieren mayor cuidado, amor y comprensión, cuidado que usualmente recae en las hijas.

Sin embargo hay hijas malvadas que insultan a sus ancianas madres a viva voz, le enrostran que defequen luego de ser limpiadas y las coronan con palabras insultantes.

A esas madres los hijos de ese proceder (hembra-varones) casi nunca la sacan a tomar un poco de sol, pasan hambre, no le dan amor, sino insultos y otros vástagos que saben de ese proceder se hacen de la vista gorda, lo mismo que algunos vecinos por aquello de no meterse en lo que no les importa.

Se trata de ancianas conscientes de que son maltratadas y a veces hasta desean la muerte ante el sufrimiento que les ocasionan.

Esos hijos ingratos se olvidan del cuarto mandamiento: “Honrarás a tu padre y a tu madre.”

Todo el que calla una agresión hacia un anciano se hace cómplice si por lo menos no indica a ese hijo que actúa incorrectamente y que debe cambiar su proceder.

Hijos que los descuidan en su atención corporal y alimenticia. Cuando no, los tiran en un asilo y se olvidan de ellos.

Para lo que si son buenos los viejos es para heredarlos. Esos cobardes viven en la casa de los viejos, pero estos no son buenos para cuidarlos y no faltan los que desean que mueran para repartirse el botín.

No siempre el que a hierro mata a hierro muere, pero los ingratos que maltratan a sus ancianos padres de seguro no gozan de la Gracia de Dios ni de nadie porque son basura de carne y hueso.

Datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) estima que la población dominicana es de 9.5 millones, grupo en que figura un 10.9%.
¿Cuántos serán maltratados?

Nuestros viejos se merecen amor, cuidado y comprensión. Hijo ingrato, no importa lo que hayas pasado en tú vida, trata de ser bueno con tus viejos, no los maltrates.

Hijos y vecinos, la agresión a los ancianos no debe ser callada, denúncienla ante los organismos estatales correspondientes. Autoridades, traten de dar seguimiento a la atención de los ancianos dondequiera que se encuentren.

Por la periodista Cándida Figuereo para Ensegundos.net

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