“No más familias rotas”, piden trabajadores latinos en EEUU ante deportaciones

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LOS ANGELES. “Somos niños estadounidenses, nuestros papás son mexicanos y no queremos que nos separen”, cuentan los hermanos Andrés y León bajo la mirada de sus progenitores, que marcharon junto a miles de personas en Los Angeles por el Día de los Trabajadores contra las deportaciones en Estados Unidos.

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“Salimos de México hace casi 15 años y nuestros hijos nacieron aquí, son americanos. Nosotros trabajamos todo el día, pero no tenemos los papeles. Tenemos miedo a que pase algo y nos separen”, confiesa asustada Rita.

Como ella y su esposo, varios miles de personas de origen latino salieron a las calles de la ciudad -a pesar de que Estados Unidos celebra su día del trabajador el primer lunes de septiembre- para reclamar al gobierno de Barack Obama que cese las deportaciones “porque rompen familias que solo se dedican a trabajar y a sacar adelante a los suyos”.

Al son de una salsa y originales letras como “Quiero los papeles pa’ tu tía y pa’ la mía”, trabajadores latinos se contaban unos a otros las dificultades por obtener la residencia, el abuso de los empleadores con los indocumentados y la esperanza de que el Congreso apruebe la reforma migratoria pronto.

– “Amenazas e injusticias” –

“Necesitamos la reforma. Este país se ha forjado en las últimas décadas con el esfuerzo de miles de familias latinoamericanas”, defiende Jesús García, un mexicano de más de 60 años que llegó al vecino del norte hace tres décadas, pero cuya situación “sigue en proceso de regularizarse”.

“Cuando uno llega aquí sin papeles, ya sabe que la cosa estará difícil, que sufrirá muchas injusticias, pero aguanta y no denuncia nada”, reconoce mientras sujeta en su mano derecha una bandera estadounidense bajo un sol abrasador.

El problema de los trabajadores indocumentados es que los empleadores “no les pagan el salario mínimo, las horas extras ni (los días) cuando un trabajador es lastimado”, explica a la AFP María Elena Durazo, presidenta del sindicato L.A. Union.

Además, “amenazan con denunciarlos para que les deporten si reportan todas estas violaciones”, advierte.

– Una reforma congelada –

El Senado aprobó el año pasado un proyecto de reforma migratoria, que incluye la posibilidad de que 11 millones de inmigrantes ilegales obtengan la ciudadanía. Pero el texto está estancado en la Cámara de Representantes y tiene muy pocas opciones de recibir luz verde en este año de elecciones legislativas.

El ecuatoriano Victor Antepara, fundador de la Comisión de Derechos Civiles y Humanos (CCHR, en inglés), piensa que la reforma debe aprobarse con un gran pacto entre demócratas y republicanos, “si no, no tiene sentido porque juntos formamos Estados Unidos”.

Pero a la espera de que llegue el gran momento, las deportaciones siguen y ya han superado los dos millones desde que Obama llegó al poder en 2008, un récord. Las separaciones provocan terribles consecuencias económicas y sociales en las familias separadas, según los sociólogos.

El peruano Karlo Campana sabe lo que eso significa. Su madre fue deportada hace tres años. Él, nacido en Estados Unidos hace 22 años, se quedó con su padre, que logró la “green card” (residencia permanente) en febrero. “Hace dos días falleció de cáncer, justo cuando ella fue detenida en uno de los pasos fronterizos con México al intentar volver a entrar al país”. Quería acompañarle en sus últimos momentos.

– Detenciones simbólicas –

En Washington también marcharon centenares de personas, que fueron del Congreso a la Casa Blanca para exigir a Obama el cese de las deportaciones e impulsar la reforma.

En un acto de desobediencia civil -previamente acordado con las autoridades-, doce manifestantes se dejaron arrestar por la policía frente a las rejas de la mansión presidencial.

Entre ellos se encontraban José Alberto Piña, un mexicano que entró ilegalmente hace 14 años, y su esposa Madai Ledezma, ambos padres de una niña nacida en Estados Unidos. “Nos estamos poniendo en riesgo, pero si uno no arriesga no consigue nada”, señala a la AFP Piña, quien sostiene que los inmigrantes son “muy importantes” para la economía del país.

“Quiero recordarles tanto al Congreso como al presidente Obama el lado humano de este asunto: niños y niñas que se están quedando sin su mamá y su papá”, dice Carmelo Santos, un pastor protestante puertorriqueño que también se dejó detener. “A veces se demoniza mucho al inmigrante”, afirma.

Andrés y León no quieren engrosar la lista de niños separados de sus padres. “¿Qué sería de ellos aquí solos?, se pregunta su madre. “No queremos ser otra familia más rota”.

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