El Nobel de la Paz para la paquistaní Malala y el indio Satyarthi

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OSLO. El Nobel de la Paz fue atribuido este viernes a la adolescente paquistaní Malala Yusafzai, galardonada más joven de la historia, y al indio Kaliash Satyarthi por su lucha contra la explotación de los niños y por su derecho a la educación.
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“Los niños deben ir a la escuela y no ser explotados financieramente”, exclamó el presidente del comité Nobel noruego, Thorbjoern Jagland.

Malala Yuzafsai, bestia negra de los talibanes que encarna la lucha por el derecho a la educación de las mujeres, se convierte, con tan sólo 17 años, en la persona más joven en recibir el Nobel en los 114 años de historia del premio.

La joven lleva años militando por el derecho de las chicas a la educación, lo que la convirtió en el blanco de un intento de asesinato que estuvo a punto de costarle la vida el 9 de octubre de 2012 en su país natal.

Kailash Satyarthi, menos famoso y bastante mayor (60 años) que Malala, presta auxilio a los niños y a las mujeres que viven como esclavos en las fábricas indias donde ejecutan todo el día tareas pesadas y son víctimas de violencia, incluso de carácter sexual.

Satyarthi ha dirigido, por ejemplo, manifestaciones contra la explotación infantil, todas no violentas siguiendo “la tradición de Gandhi” como subrayó el comité Nobel.

“Se calcula que hay unos 168 millones de niños trabajadores en el mundo”, indicó Jagland. “En 2000, había 78 millones más. El mundo se acerca al objetivo de erradicar el trabajo infantil”.

La elección del comité noruego adquiere un relieve particular a la luz del secuestro de 276 alumnas de instituto en Nigeria, el pasado 14 de abril, por el movimiento islamista Boko Haram, cuyo nombre significa “La educación occidental es un pecado”.

Este episodio conmocionó al mundo entero y suscitó un amplio movimiento de movilización “Bring back our girls” (“Devolvednos a nuestras niñas”) en que participó Malala, al lado de celebridades como Hillary Clinton.

– Joven y pugnaz –

La adolescente paquistaní se ha convertido, en poco tiempo, en un icono mundial del derecho a la educación de las niñas.

El 9 de octubre de 2012, unos talibanes paquistaníes interceptaron el autobús escolar en el que viajaba en el valle de Swat y le dispararon un tiro en la cabeza, acusándola de perjudicar el islam. Milagrosamente, la adolescente sobrevivió.

Operada en su país, fue trasladada al Reino Unido donde sigue viviendo desde entonces. Hoy estaba “en la escuela, como de costumbre”, en Birmingham (Inglaterra), cuando se le atribuyó el premio.

Desde el atentado, la joven no ha querido dejarse intimidar y multiplicó los llamamientos a la educación y la tolerancia.

“Luchemos contra el analfabetismo, la pobreza y el terrorismo, nuestros libros y nuestros lápices son nuestras mejores armas”, declaró el año pasado en un discurso muy aplaudido ante la ONU.

“Pese a su juventud, Malala (…) muestra, dando ejemplo, que los niños y los jóvenes también pueden contribuir a la mejora de su propia situación”, aseguró Jagland.

Según Naciones Unidas, 57 millones de niños en edad escolar no van a la escuela, entre ellos un 52% de niñas.

Malala compartirá el premio y los ocho millones de coronas suecas (unos 873.000 euros, 1,1 millones de dólares) con un ingeniero de formación que decidió dedicarse al trabajo social, al comprobar la pobreza de algunos estudiantes.

Fundador de una asociación que garantiza sueldos equitativos y milita por la prohibición del trabajo infantil en la industria de las alfombras, Satyarthi también participó en la creación de varios movimientos de defensa de la infancia y la escolarización.

El premio Nobel de Economía, entregado el lunes en Estocolmo, cerrará los Nobel 2014.

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