6 malos hábitos que arruinan tu dieta y evitan que pierdas peso

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Imagen © iStock / raeva

Comer hasta “limpiar el plato”, frente al televisor o a toda prisa, son malos hábitos fáciles de adquirir y difíciles de romper, especialmente si los llevas practicando toda la vida. Quizás sean ellos los responsables de que no puedas perder peso. Aunque te cueste, debes hacer un esfuerzo por cambiarlos para que el próximo hábito que adquieras sea el de comprar ropa en una talla mucho más pequeña.

Lo haces sin darte cuenta: te sirves la cena y la comes mientras ves la novela de las 8. O simplemente, te saltas una comida si tienes algo urgente que hacer consolándote con que ya comerás más tarde. ¡Luego no te quejes de que no puedes perder peso!  Verás cómo desaparecen esas libras (esos kilos) extra una vez que vayas corrigiendo estos hábitos tan negativos.

1. Comer a toda marcha.  Los que comen sin parar entre un bocado y otro y como si se les fuera a ir el último tren, tienden a comer más y eso significa más calorías.  Para reemplazar este mal hábito, proponte, en primer lugar, convertir el almuerzo o la cena en una experiencia agradable.  “Viste” la mesa, aunque sea con un individual sencillo, una vajilla bonita y tus mejores cubiertos. Después de todo, no hay otro comensal más importante que tú. Tómate tu tiempo para saborear cada bocado. Cuando masticas pausadamente, el cerebro tiene más tiempo para registrar la sensación de saciedad. La idea es sentirte llena con menos cantidad de comida.

2. Comer mientras te distraes con otras actividades: frente a la computadora o revisando el correo. Si no estás concentrada en la actividad fundamental que es alimentarte, con seguridad comerás más de lo debido.  Sustituye esa mala costumbre sirviéndote una sola vez y prestando atención a las porciones.  Aprende a dividir tu plato en secciones para incorporar proteínas, granos, frutas y vegetales , en cantidades moderadas. Evita sentarte a comer frente a la televisión o la computadora mientras tu mente “vuela”. Si no puedes evitarlo y te cuesta cambiar este hábito, sírvete un tazón de palomitas de maíz (sin mantequilla), que tiene pocas calorías.

3. Comer para calmar el estrés o matar el aburrimiento.  Come o merienda solamente cuando tengas hambre. Si te sientes ansioso(a) y necesitas comer algo para calmar los nervios, ten a la mano una merienda saludable (yogur, o una fruta). Coloca una alcancía sobre el escritorio (o un sobre en una de las gavetas de la cocina). Cada vez que puedas superar un antojo o una de estas urgencias falsas, coloca un billete o una moneda como premio. Así podrás comprarte algo que te guste mucho y tendrás un incentivo para animarte y ayudarte a vencer las tentaciones.

4. Limpiar el plato. Muchas personas siguen comiendo hasta terminar hasta el último grano aún cuando se sientan repletas. Y es que a muchos nos han enseñado desde pequeños que es malo desperdiciar comida. Y como en realidad botar comida no es bueno, ¡haz caso y no te sirvas más de lo que vayas a comer! Aunque el plato te encante y sea tu favorito, recuerda que la moderación al servirte es lo que te permitirá perder peso sin pasar hambre ni privarte de tus comidas favoritas.

5. Comer carne siempre como plato principal.  La carne es una excelente fuente de proteínas,pero no es la única. Disminuye la frecuencia con la que comes o sustitúyela por otras fuentes, como la soja (soya) o los frijoles (arvejas, habichuelas) varias veces a la semana. También puedes reducir la cantidad: sírvete una abundante ensalada mixta con trocitos de pollo o carne a la parrilla, informó vidaysalud.

6. Saltarte comidas. Si lo haces, alteras la capacidad del organismo de controlar el apetito y desaceleras el metabolismo.  Los resultados: comer más o por impulso, y un metabolismo más lento que quema menos calorías.  Distribuye tus alimentos en tres comidas y dos meriendas. El total de calorías diarias que debes consumir (depende de tu edad, tu estatura, tu sexo y tu nivel de actividad). Aquí puedes ver la cantidad de calorías diarias recomendadas. Acostúmbrate a planear tus comidas, ya sea en la mañana o la noche anterior, para que no tengas que improvisar durante el día y cometer errores.

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