Hay que tener claro que Tinder no se hizo para buscar marido, sino para pasarla bien

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Leí un articulo sobre lo mal que le había ido a una chica en Tinder y demás aplicaciones para buscar pareja y quiero enviar mi defensa. El problema no es Tinder, es que la gente no se conoce y, menos aún, se quiere, así que sus relaciones siempre estarán encaminadas hacia el fracaso por el medio que sea. (Lea “Mi experiencia buscando el amor en Okcupid, Badoo y Tinder”)

Dejémonos de pendejadas: Tinder nos cambió la vida. Y la que se dejó traumar por un par de citas fallidas es porque estaba buscando en el lugar equivocado. Y es que hay que tener claro que estas aplicaciones no se hicieron para buscar marido: se hicieron para pasarla bien, y entre más se relaje y disfrute, las cosas fluirán mejor.

Descargué Tinder después de haber tenido un rompimiento bastante complicado esperando encontrar alguna esperanza que me sacara de la tusa en la que estaba, y , oh sorpresa, sí que lo logró. Tuve unas 15 citas y me volví una experta en esto. La aplicación en realidad es muy fácil y efectiva. Sólo se tienen que tener tres fotos básicas. La primera es la de la gran sonrisa, nada de cara de pato o medio en bola, eso no funciona, al menos para el tipo de hombres que me gustan: algo medianamente inteligente y lindo. La segunda, la foto viajera, para que vean que eres libre, te gusta viajar y estas dispuesta a todo. La tercera, la deportista. Ésta no falla: que se note la adrenalina y lo buena que estás, todo, obvio, de bajo perfil.

Con esto tuve muchas combinaciones (matches) y empecé a seleccionar y saludar. Con la primera conversación que tuve entendí que no iba a encontrar mi príncipe azul, pero que podría conocer gente muy interesante. Y así fue. Pintores, cantantes, escritores, ingenieros y uno que otro vago con el que salí. Citas buenas y citas malas tuve. Me engañaron varias veces, en una llegué y encontré a un señor de 50 años esperándome, por lo que entendí que su foto de perfil era la de hace 20 años, en su hermosa juventud. Pero siempre me despedí con una sonrisa.

También hubo un francés enamorador que rompió record en mis relaciones. Primera cita, un éxito, amor y más amor. Un mes de intenso coqueteo porque estaba de viaje. Luego llegó la cita para concretar y al otro día de vernos me escribió que no estaba fluyendo y se desapareció.

Pero no, no me traumé. Por el contrario, me reí mucho de su habilidad y plan de mercadeo tan diseñado y efectivo. Y es que Tinder es eso, mercadeo, y entre más lo intentes más cancha y éxito empiezas a tener.

Los llevé a todos al mismo café, uno cerca de casa perfecto para el amor:música suave, velas, chimenea. A los de bajo potencial les pedía sentarnos al lado de la puerta y con las buenas sorpresas me sentaba en los cojines para estar más cómodos, y así, entre cafés, postres y uno que otro vino, me conocí mejor. Las relaciones humanas no dependen 100% del otro, dependen también de la actitud y la buena onda que le pones. De muchos de ellos quedé de amiga y hasta me enamoré de un suizo que olvidé en ocho días, pero igual me enamoré.

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Sí, chicas, hay mucho tipo raro que anda buscando lo mismo tú: pasarla bien. Relájense. La vida es sólo una y hay que disfrutar el hecho de conocer gente diferente, ver el mundo a través de otras vidas, permitirse soñar y, con suerte, en una de esas conoces al Tinder de tu vida: mi vecino. Sí, así es. A un metro de distancia estaba mi chico esperándome y solo Tinder me lo presentó.

Fuente: ElEspectador

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