La destitución de Rousseff a punto de entrar en la agenda del Congreso brasileño

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Un Brasil en tensión creciente y con pasiones exacerbadas seguía el lunes los debates de una comisión parlamentaria que decidirá si la presidenta de izquierda Dilma Rousseff puede ser destituida por presunta manipulación de las cuentas públicas.

El gobierno da por perdida la votación en esa comisión de 65 diputados, dominada por la oposición, aunque para separar a Rousseff del cargo ese resultado tendría que ser convalidado, probablemente en menos de una semana, por dos tercios de los miembros de la Cámara de Diputados y hacia inicios de mayo por el Senado.

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“Habrá unos 35 (votos) para ellos y 29 para nosotros”, admitió en un mensaje por whatsapp enviado a la AFP el diputado Paulo Pimenta, del oficialista Partido de los Trabajadores (PT). El presidente de la comisión sólo vota en caso de empate.

En una sala repleta, casi todos los legisladores mostraban claramente sus preferencias, con carteles que decían “Impeachment ya” o “Impeachment sin crimen es golpe”, indicó un reportero de la AFP.

El relator de la comisión, Jovair Arantes, reiteró su “convicción” de que “hay indicios suficientes de que la denunciada practicó actos que pueden ser considerados como crimen de responsabilidad”, por haber autorizado gastos no presupuestados sin la autorización del Congreso en 2014, el año de su reelección, y en 2015.

El Abogado General del Estado, José Eduardo Cardozo, instó en cambio a declarar “nulo” el proceso, por considerar que no existían cargos susceptibles de justificar una decisión de semejante gravedad.

“La historia no perdona, y no perdonará, que la presidenta de Brasil sea apartada (…) por un proceso no se sustenta mínimamente”, declaró.

Fuera del Congreso, la policía tendió vallas a lo largo de la explanada de los ministerios, para separar a los centenares de miles de manifestantes de ambos bandos que se espera lleguen a Brasilia el fin de semana, para presionar los debates del plenario de la Cámara.

La crisis, potenciada por una recesión económica que entra en su segundo año, crea incertidumbre sobre si será Rousseff o su vicepresidente, Michel Temer, quien inaugure los Juegos Olímpicos de Rio el próximo 5 de agosto.

Lula y Chico Barque en acto por Rousseff

Rousseff, sumamente impopular, cuenta con la capacidad negociadora y movilizadora de su predecesor, Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010), para llegar hasta el fin de su mandato en 2018.

El exsindicalista participará al caer la tarde en un acto “en defensa de la democracia” en Rio de Janeiro, junto al cantante y compositor Chico Buarque, al teólogo Leonardo Boff y a figuras del mundo cultural y artístico brasileño.

Rousseff nombró a Lula jefe de gabinete, pero su asunción fue bloqueada por un magistrado que la consideró una mera artimaña para protegerlo de la justicia ordinaria, que investiga su presunta implicación en el escándalo de corrupción de Petrobras.

Esa investigación, abierta en 2014 por el juez Sergio Moro con el nombre de operación Lava Jato (lavado a presión) ha llevado a la cárcel o sentado en el banquillo a buena parte de la élite económica y política del país.

La corte suprema dirá el próximo 20 de abril si Lula finalmente puede ser ministro.

La posición del exmandatario es paradójica: según una encuesta Datafolha, en algunos escenarios lideraría una primera vuelta electoral con 21% de los votos, pero es al mismo tiempo el político con los mayores índices de rechazo, superior al 50%.

La batalla de la cámara

El gobierno espera que su previsible derrota en la comisión especial no comprometa sus esfuerzos para impedir que la oposición recoja los 342 votos (de un total de 513 diputados) que viabilizarían el impeachment en la Cámara.

Según el recuento realizado por el diario O Estado de Sao Paulo, había el domingo 290 diputados favorables al impeachment, 52 menos que los necesarios para lanzar a la joven democracia de este país de 204 millones de habitantes por senderos desconocidos.

Había asimismo 115 firmemente en contra de la destitución, 61 indecisos y 47 que se negaron a responder al sondeo.

Según una encuesta del instituto Datafolha publicada el domingo, 61% de los brasileños se declara favorable a la destitución de Rousseff y un 60% considera que debería dimitir. Un 60% se declara también favorable a una renuncia del vicepresidente centrista Michel Temer.

El senador opositor Aecio Neves, que fue derrotado por escaso margen en 2014 por Rousseff, se pronunció claramente por el impeachment, que dejaría el poder en manos de Temer.

“Este lunes quedará marcado en la historia de Brasil como el día de la gran opción”, escribió en una columna publicada en el diario Folha de Sao Paulo.

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