El tiburón pasa de predador a presa

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El tiburón forma parte de las especies en peligro por la pesca desenfrenada que amenaza a algunos ejemplares, aunque suscita más miedo que empatía.

tiburon

Las estimaciones de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES) son alarmantes: cada año 100 millones de escualos mueren en el mar.

O sea dos veces más capturas de las que permitirían mantener a la población de tiburones en el nivel actual, advierten las oenegés de protección de la fauna.

“Es un tema de vida o muerte”, resume sin rodeos Luke Warwick, del instituto de investigación independiente estadounidense Pew.

“La demanda, en particular de aletas, carne o branquias es más alta que nunca”, afirma Andy Cornish, experto de escualos en la organización mundial de protección de la naturaleza WWF.

“Muchos países del mundo no tienen pesca sostenible, ni la más mínima regla para la pesca de tiburones, cada uno puede llevarse lo que quiera”, acusa Cornish. “Incluso en los que las tienen, las normas no se aplican”.

El apetito insaciable de los consumidores asiáticos por la carne, el aceite, la piel o el hígado de tiburón los han convertido en una presa muy buscada.

Algunos pescadores no dudan en cortarles las aletas y luego lanzarlos vivos al mar, una práctica prohibida pero llevada a cabo en zonas del océano Índico o del Pacífico.

China ha prohibido oficialmente la sopa de aleta de tiburón en las cenas oficiales. Pero el plato sigue siendo muy apreciado en el país y en Singapur.

La medicina tradicional del sur de China preconiza el agua de la cocción de las branquias de las mantas raya y las diablo para purificar el sistema sanguíneo, aunque no se ha probado científicamente su eficacia.

Sobrepesca 

Según la organización internacional de conservación de la vida silvestre (Wildlife Conservation Society, WCS), las ventas de tiburones, rayas y quimeras aumentaron un 40% en una década, hasta 2011.

“El valor del comercio anual mundial de los pedazos de tiburones y de rayas alcanza los 1.000 millones de dólares. Las compañías pesqueras capturan cada año 800.000 m3 de cada una de estas especies”, afirma una experta de WCS, Amie Brautigan.

Los expertos contabilizan unas 1.250 especies de tiburones y más de 180 tipos de rayas. Si la sobrepesca continúa, una cuarta parte está amenazada, según el WWF.

“Los tiburones son un eslabón esencial del ecosistema oceánico y las rayas son una de las especies ineludibles. Por eso tenemos que protegerlos”, dice Dan Ashe, director de los servicios estadounidenses de la pesca y de la fauna.

La CITES se pronunciará antes del miércoles que viene sobre una propuesta apoyada por casi 50 países para añadir 13 nuevas especies de tiburones y de rayas al anexo II, que regula el comercio de especies amenazadas.

A día de hoy, hay ocho tipo de tiburones protegidos.

Países como las Maldivas, las Fiyi o Sri Lanka han centrado el turismo en el submarinismo en sus aguas. Ahora se encuentran en Sudáfrica para pedir más protección.

Un estudio realizado en las Bahamas cifra en casi 100 millones de euros el volumen de negocio anual del turismo relacionado con los tiburones.

Para promover su campaña en Johanesburgo, los defensores de los tiburones han incluso alistado a una víctima de estos peces.

Hace diez años, Achmat Hassiem, un sudafricano de 34 años perdió una pierna por el ataque de un tiburón blanco en una playa del Cabo (sudoeste). Dos años después ganó la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos.

Hoy es un gran defensor de los escualos. “A causa de este ataque de tiburón, acabé representando a mi país en tres Juegos Paralímpicos”, declara el atleta. “Les devuelvo lo que me dieron”.

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