El fracaso de Clinton deja a miles de mujeres desamparadas

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Hillary Clinton había previsto festejar su victoria en una sala con un techo de vidrio inmenso, pero su fracaso frente a Donald Trump le impidió romper esa barrera simbólica, dejando desamparadas a miles de mujeres que temen por sus derechos.

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Una de las razones por las cuales Natasha Dodge votó por la candidata demócrata fue la perspectiva de suprimir los obstáculos que entorpecen el avance profesional de las mujeres.

“No hay más lugar para nosotras”, lamentó esta estudiante de 19 años cuando se enteró de los resultados de la elección.

Para Natasha, Clinton era una “figura maternal” y cree que el discurso del presidente electo podría “normalizar el odio contra las mujeres”.

Para Julie Potyraj, de 29 años, el fracaso de Clinton es algo “muy personal” que demuestra que “las mujeres siempre tendrán que esforzarse más y (que) nunca será suficiente”.

El techo de vidrio “es más sólido de lo que muchos anticiparon”, señaló Daniel Moshenberg, especialista en temas de género de la Universidad George Washington, quien constató el abatimiento de varias votantes.

En 2008 Clinton ya había usado la imagen del techo de vidrio, tras la primaria demócrata en la que perdió ante Barack Obama, para agradecer a sus seguidores por haber dejado “18 millones de grietas” en el “techo de vidrio más alto y más duro”.

El miércoles 9, tras perder la elección ante Trump, Clinton pidió nuevamente disculpas por no lograr quebrar ese famoso techo. “Algún día alguien lo hará, y espero que ello suceda antes de lo que creemos hoy”, lanzó frente a muchas jóvenes en llanto.

Marcha del millón

Esta semana se lanzaron varias convocatorias a través de las redes sociales con el objetivo de reunir a “un millón” de manifestantes en una marcha a realizarse en enero, en Washington, durante la investidura de Trump.

La idea es expresar esa angustia y “denunciar la agenda del miedo, del odio, de misoginia y de discriminación” del próximo presidente.

“Debemos demostrar que formamos un frente común”, dice Julie Potyraj, que prevé asistir con sus tías y con una amiga que vendrá especialmente de Colorado, en el oeste del país.

Tiene muchas expectativas sobre esta convocatoria, sobre todo después de haberse sentido “traicionada” por 42% de sus conciudadanos que votó por el republicano, y ello pese a la avalancha de declaraciones misóginas y sexistas durante la campaña.

Más allá de su simbolismo, “el fracaso de Clinton significa (…) que el porvenir de las mujeres será más precario” sobre algunas cuestiones, señala Jennifer Lawless, especialista en temas de género en la política de la Universidad Americana.

Recuerda además que, en algunos problemas sociales como la igualdad salarial o la contracepción, existe una “lucha partidaria” entre republicanos y demócratas. Son todos asuntos sobre los cuales Hillary Clinton “o cualquier candidato demócrata” hubieran trabajado.

Quieren tenerlo todo

Clinton defendió el derecho al aborto durante la campaña, mientras que Trump se opuso.

El presidente electo confirmó el domingo que nombrará para la Corte Suprema a jueces que son anti-aborto, lo que podría significar el replanteamiento de este derecho.

El vicepresidente ultra conservador Mike Pence incluso propuso en su estado de Indiana, donde es gobernador, que a los abortos y a las pérdidas de embarazos se les imponga un entierro.

En una columna en 1997, Pence bromeó incluso sobre las mujeres que “quieren tenerlo todo: una carrera, hijos y un garaje con dos autos”.

Citó, en ese entonces, un informe según el cual los chicos que van a guarderías tienen “un retraso en el desarrollo emocional” en comparación con aquellos que están en sus casas, y denunció esa gran mentira según la cual “las madres no cuentan”.

El equipo de Trump lanzó una propuesta para el cuidado de los menores. La idea, elaborada con su hija Ivanka, plantea ofrecer reducciones fiscales sobre los gastos de guardería y niñera, aunque la iniciativa favorecería, según sus detractores, principalmente a los hogares más ricos.

El magnate propuso además una licencia paga de seis semanas por maternidad (Hillary proponía 12 semanas), lo que representa un gran cambio frente a la postura de algunos conservadores de Estados Unidos, único país desarrollado donde la licencia por maternidad obligatoria no existe.

El financiamiento de la iniciativa -a través de la lucha contra los fraudes al seguro por desempleo- hace dudar sobre la viabilidad de la propuesta.

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