Una quemadura encima de los labios delató al asesino de Yessenia


Santo Domingo. Cuando Emilio Rafael Mendoza le prendió fuego al cadáver de su prima Yessenia Altagracia Rivera Figuereo, una flama brusca lo quemó encima de los labios. Esa quemadura lo delató como el despiadado criminal. No hay crimen perfecto. Y este no era la excepción. Mendoza, un tipo frío, calculador, meticuloso y mentiroso, entró en contradicciones al dar declaraciones a los investigadores.

Esas contradicciones, para él, fueron definitivas y podrían haber contribuido a prepararle el camino para que permanezca los próximos 30 años en una prisión, en caso de que un tribunal lo condene a la pena máxima.

El fiscal Perfecto Acosta reveló durante una conferencia de prensa que Mendoza anduvo en el velatorio y el funeral de Yessenia después que él mismo habría planificado y ejecutado el asesinato.

Sin embargo, en su prisa por acabar con las evidencias del asesinato, no tomó en cuenta que las llamas de un fuego provocado con gasolina sube violentamente.

Parece que se acercó demasiado cuando prendió el fósforo y lo lanzó sobre el cadáver encima del cual había desparramado un galón de gasolina.

Una flama lo alcanzó encima de los labios. Los investigadores lo notaron y llamaron a un médico legista que le hizo dos evaluaciones, certificadas las dos por la unidad de quemados del hospital Luis Eduardo Aybar, donde saben bastante de quemaduras.

Así, los investigadores se ocuparon de preguntarle donde estaba a la hora del crimen y respondio que estaba en su trabajo de La Sirena.

Primer gran error. Sus superiores dijeron que Mendoza había partido temprano, próximo a las 5.00 pm del dia del asesinato y que se había ido con la víctima.

Los compinches que contrató explican que el tipo hasta se sentó encima del cadáver para conducir el vehículo hasta el lugar donde quemó el cadáver y estampó su cara la marca visible de la quemadura que permitió su captura por las autoridades.

Los parientes, que antes acusaban al ex marido de Yessenia de ser el asesino, no salen del asombro.

Después de todo, Emilio era un muchacho de confianza de la familia.

Fuente Ciudadoriental.org

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