A pesar de décadas de investigación, predecir un sismo sigue siendo una meta sin alcanzar, y los sismólogos son por lo general pesimistas sobre llegar a tener esa capacidad.



Sin embargo, recientemente han surgido investigadores que dicen que podría ser posible algún día predecir los temblores desde el espacio o tomando lecturas de rocas.

Ambas corrientes intercambiaron notas durante una reunión de dos días efectuada en Los Angeles, semanas antes de que un sismo de magnitud 5,8 sacudiera la costa este de Estados Unidos.



Los investigadores se reunieron en la Universidad del Sur de California en julio. El campus alberga el Centro Sismológico del Sur de California, donde se desarrolla un proyecto internacional para probar métodos de pronóstico. El centro es patrocinado por la NASA, la cual financia a grupos que investigan predicción de temblores. Los 44 científicos participantes no calificaron los méritos de las teorías expuestas, pero todos concordaron en que hace falta estudiar más.

«He estado detrás de esto por mucho tiempo», dijo Malcolm Johnston, un geofísico del USGS. «Si crees que puedes detectar el preludio de un sismo, va a ser muy, muy difícil». Cómo ocurre un sismo es algo bien conocido.

La corteza terrestre es como un gigantesco rompecabezas, en el que cada pieza es una placa tectónica que choca o se encima con las otras. El movimiento es lento, similar al ritmo al que crecen nuestras uñas.

Con el tiempo se acumula suficiente tensión y las placas se deslizan, liberando con ello una cantidad enorme de energía que sentimos como una sacudida.

La mayoría de los sismos son de baja intensidad e imperceptibles. Ocasionalmente, alguno muy potente causa estragos, como el de Haití el año pasado y el de Japón en marzo.

En parte debido a los megasismos ocurridos en la década de 1960, los científicos comenzaron a buscar señales que les ayudaran a distinguir el inicio de un sismo grande del de uno pequeño, fueran deformaciones de la corteza terrestre, la liberación de gas radón en una falla tectónica, clima inusual y hasta el comportamiento de los animales.

Ninguno de los fenómenos estudiados ha rendido frutos, aunque la noción de que los animales podrían tener un «sexto sentido» persiste hoy día. Los cuidadores del Zoológico Nacional, en Washington D.C., reportaron que lémures, un gorila y un orangután estaban inquietos y hacían ruido minutos antes del sismo del 23 de agosto en la costa este. Los científicos dicen que los animales pueden a veces sentir las ondas sísmicas antes que los humanos, pero que esto pasa cuando el sismo ya ha comenzado. No obstante, hay científicos que son más optimistas sobre la posibilidad de detectar precursores de sismos.

El físico Dimitar Ouzounov, de la Universidad Chapman, usa información de satélites para discernir si los cambios atmosféricos podrían tener una relación con los sismos. Por su parte, el investigador de la NASA Friedemann Freund estudia las señales eléctricas de las rocas cuando están bajo presión.

Aunque los científicos no pueden decir con precisión cuándo ocurrirá un sismo, pueden hacer pronósticos a largo plazo con base en los antecedentes sísmicos de una región.

Por ejemplo, debido al pasado telúrico de California, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) calcula que el estado tiene un riesgo de 99,7% de ser sacudido por un temblor de magnitud 6,7% o mayor para el 2038. A pesar del lento progreso, los científicos creen que vale la pena seguir buscando la manera de predecir un terremoto.

«Tenemos que seguir buscando por la remota posibilidad de que hayamos pasado algo por alto», dijo Johnston, del USGS.
Fuente:elNacional