La adicción al sexo de Leonardo DiCaprio


El mismo cuerpo que los espectadores vieron destruir por las garras de un oso, es acariciado por los ángeles de Victoria Secret cuando las junta en sus bacanales

La noche en que la modelo alemana Toni Gran decidió echarlo después de dos años de noviazgo, Leonardo DiCaprio, encharcado en lágrimas y con la mirada desesperada, se metió a la sala VIP de una discoteca de South Beach y, ayudado por uno de sus asistentes y por Joe Jonas, uno de los integrantes deJonas Brothers, empezó a escoger a las veinte muchachas más lindas del lugar. Todas tenían una particularidad: eran altas y rubias como su ex. Cabizbajo, como un Gatsby triste, las fue subiendo una a una al yate que aparcaba en el puerto.

El bacanal en altamar duró dos días. Leo poco se dejó ver en cubierta. Los testigos de la fiesta afirman haberlo visto hablar, una y otra vez, de lo estúpido que había sido al dejarse descubrir por Toni, después de que medio catálogo de Victoria Secret pasara por sus manos. Por momentos, cuando sentía que la energía volvía a entrarle en el cuerpo, DiCaprio subía a la fiesta y podía ver la cara de terror de Joe Jonas ante el desenfreno despiadado de veinte chicas ebrias y felices de estar en el yate de su ídolo acariciándolo para espantarle la tristeza.

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Después de Titanic, cuando fue considerado a sus 25 años como el hombre más sexy del mundo, Leonardo DiCaprio tuvo a su disposición a las mujeres más bellas de la tierra. En ese momento tuvo relaciones paralelas con Liv Tyler, Carmen Electra, Paris Hilton y Demi Moore. Como Jack Nicholson en los años 70, DiCaprio llegaba a los sets de grabación que dirigían Woody Allen o Danny Boyle con el olor del trasnocho y la orgía de turno. Con su amigo Tobey Maguire, fundaron un club en donde se desafiaban para ver cuántas horas podían soportar ‘cabalgando’ en una cama.

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Las fiestas dejaron de ser tan salvajes, continuas y desenfrenadas desde el 2001, año en el que empezó una relación que duraría cinco años con la bomba brasilera Gisele Budchen. Gracias a ella Leo tuvo la racha con la que pasaría de ser una estrellita cualquiera, que cautivaba adolescentes, al actor de carácter que se consolidaría gracias a su trabajo al lado de los maestros Steven Spielberg y, sobre todo, Martin Scorsese.

El idilio con Budchen terminaría abruptamente cuando, en una fiesta de tres días en el Caribe, conoció a la supermodelo israelí Bar Rafaelí. El siempre voluble Leonardo descubrió que cinco años habían sido demasiado tiempo de fidelidad y empezaría un infernal romance lleno de peleas e infidelidades con Emma Miller y Ashley Roberts.

Flotando entre ángeles de Victoria Secret, Leonardo DiCaprio llegó al mundial de Brasil escapando de la obsesiva Toni Gran. En Río vio cómo Alemania aplastaba siete goles por uno al anfitrión. Esa noche, en medio de la tristeza brasilera, se trasladó a la playa de Buzios en donde está uno de sus lugares favoritos cuando va a rumbear a Brasil: la discoteca Pacha. Reacio a ser acosado por fotógrafos o fans, mandó a cerrar el lugar encerrándose con las 30 modelos que trajo desde Estados Unidos pagadas de su bolsillo y con otras 50 cariocas que había escogido la noche anterior. La orgía fue bañada por cien botellas de Dom Pérignon. Luego de doce horas de rumba continua, DiCaprio y sus ochenta amigas abordaron su yate Topaz, bautizado en honor a la película de Alfred Hitchcock que tanto le gusta. La fiesta duró cuatro días más, hasta el día en que Alemania le ganó a Argentina en el Maracaná y se coronó campeón mundial.

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Su última travesura ocurrió el 8 de enero de este año. Seis meses con la superdiva de Sport Illustrated, Kelly Rohrbach, con quien estuvo a punto de casarse,  fueron suficientes para aborrecerla. Cuando sintió que la tristeza de la ruptura empezaba a gobernarlo, recurrió al truco de escaparse con un harén encima. Él, seis amigos y 30 modelos volaron desde California hasta Nikki Beach en Miami. Leo mandó a cerrar la playa, vació varias botellas de champaña y, reclinado en una silla, veía como los ángeles de Victoria Secret volvían a bailar para él. Los que estaban allí afirman que, como en otras rupturas, Leonardo permanecía triste, indiferente, con los ojos llorosos, pensando en Kelly Rohrbach, una tristeza que tal vez el Oscar, que seguramente ganará el próximo 26 de febrero, o una nueva modelo, borrarán para siempre.

Fuente: las2orillas.co

Fotos: TMZ