Seis productos que no debes comprar nunca en el supermercado


Los clientes buscan cada vez más alimentos que estén listos para ser consumidos de manera inmediata, como verduras ya cortadas, lavadas y en diferentes formatos, que eliminen en todo lo posible las horas que nos toca pasar en la cocina.

Después de un largo día de trabajo quedan unas pocas horas, antes de llegar a casa, para ir al supermercado. Lo que menos apetece en estos casos es llenar el carrito con los ingredientes necesarios para ponerse después manos a la obra y preparar algún plato elaborado.

Los clientes buscan cada vez más alimentos que estén listos para ser consumidos de manera inmediata, como verduras ya cortadas, lavadas y en diferentes formatos, que eliminen en todo lo posible las horas que nos toca pasar en la cocina.

Tanto por cuestiones económicas como desde un punto de vista nutricional, confiar en ciertos productos preparados puede ser un error mayúsculo. Con el fin de reflexionar sobre el escaso valor añadido de algunas propuestas, te invitamos a que tengas en cuenta si estos artículos deberían ser adquiridos cuando bajas a hacer la compra en el supermercado de la esquina.

Ensaladas

Quien vaya a estos establecimientos poco antes del cierre se habrá dado cuenta de lo demandadas que están las bolsas de plástico que contienen diferentes tipos de lechuga, rúcula, escarola, espinacas o frutos secos.

Lo ideal es que compremos nosotros mismos cada uno de los ingredientes y los juntemos en el momento de preparar la ensalada efinitiva. Existen dos motivos para ello: el primero es porque al no estar lavadas las hojas, los ingredientes duran más, el segundo se debe a los riesgos que se han detectado en los últimos tiempos por brotes de salmonella y E. Coli.

En el caso de que se recurra a las ensaladas ya confeccionadas, los expertos recomiendan que el consumo, una vez abiertas las bolsas, se realice lo antes posible. Si el producto se encuentra en contacto con el aire, Cuando las bacterias lo colonizan comienzan a multiplicarse a mayor velocidad, a pesar de la baja temperatura del frigorífico.

Artículos de higiene personal

En este caso se trata de una cuestión de optimización de gastos. Los dentífricos, cosméticos, maquinillas de afeitar, desodorantes y los preservativos no suelen tener los mejores precios en los supermercados de barrio en comparación a las ofertas que se pueden encontrar en las grandes superficies.

Otros productos muy poco recomendados por el mismo motivo son las pilas y baterías, así como el material escolar.

Mahonesa

“Me da la risa quien va a comprar mahonesa pudiendo hacerla en casa en 22 segundos”, las palabras son del televisivo chef Karlos Arguiñano. Dos problemas suelen preocupar a los que la preparan. El primero es la temida salmonella, aunque no debería suceder nada si los huevos son frescos y de calidad.

El segundo es que la mezcla no se corte. Para evitarlo, el cocinero estrella nos enseña cómo conseguir una mahonesa perfecta de una manera fácil y en muy pocos pasos.

Flores y plantas

Se trata de dos artículos que necesitan un cuidado muy particular que los empleados de estos establecimientos, por su propia rutina, no pueden llevar a cabo.

Tanto por cuestión de precio como por calidad del producto (sobre todo por la intensidad de la fragancia), la opción más inteligente de cara a su compra es hacerlo en las floristerías de siempre.

Guacamole

Un par de aguacates, cebolla, tomate, 1 chile serrano, ½ limón o lima, cilantro y sal. Bastan tales ingredientes para tener un guacamole fresco hecho en casa, sin conservantes ni aditivos y mucho más saludable que el industrial.

Cuidado, sin embargo a la hora de pelar los aguacates. La moda de incluir este producto en los platos ha llevado a más de uno a la sala de urgencias al desconocer la correcta técnica de corte.

Carne envasada

Por pereza o desconocimiento, tenemos la mala costumbre de adquirir la carne picada, en cubitos, albóndigas ya preparadas, escalopes listos para freír o pechugas de pollo en bandejas.

No acudir a una carnicería o al propio banco del supermercado y optar por productos cárnicos ya envasados puede elevar el precio final de manera considerable, además de acabar con una cantidad excesiva y no deseada del producto.

Algunos establecimientos pueden utilizar este formato para llevar a cabo ciertas triquiñuelas. La más típica es el de colocar, por ejemplo, un filete en recién cortado en lo alto del paquete, dejando otros en peores condiciones debajo, sin que el cliente se percate de la argucia.

Fuente: El Confidencial

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