Hijo de presidente de Filipinas niega acusaciones de tráfico de drogas


Manila, Filipinas. El hijo y el yerno del presidente filipino Rodrigo Duterte negaron, este jueves, ante una comisión de investigación senatorial formar parte de una banda de traficantes de droga, unas acusaciones explosivas en tanto el jefe de Estado está inmerso en una guerra contra el narcotráfico.

Duterte llegó al poder en junio de 2016, prometiendo erradicar el tráfico de drogas. Miles de traficantes y presuntos toxicómanos han sido abatidos por la policía y otros miles de personas murieron en circunstancias todavía sin aclarar.

El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte. Lean Daval JrReuters

El Senado abrió una investigación en julio sobre la importación de un cargamento de metanfetaminas procedente de China, por un valor de 6.400 millones de pesos (105 millones de euros, 125 millones de dólares).

Durante los interrogatorios, un agente de aduanas dijo haber escuchado los nombres de Paolo Duterte, de 42 años, y del yerno del presidente, Manases Carpio, en la operación. Daba a entender que ambos hombres podrían haber facilitado la importación de la droga a cambio de una remuneración.

El testigo posteriormente se retractó, diciendo que se había referido a un “rumor”.

Pero la comisión quiso escuchar al propio Duterte hijo, que es vicealcalde de Davao, la gran ciudad del sur del país de la que su padre fue durante mucho tiempo primer edil, y a Carpio, esposo de Sara Duterte, la actual alcaldesa.

El senador opositor Antonio Trillanes, crítico feroz del presidente filipino, lideró la carga este jueves al declarar que Paolo Duterte tenía un tatuaje en la espalda que probaba que era miembro de una tríada (mafia china) que trafica con drogas.

Paolo Duterte reconoció que tenía un tatuaje, pero aseguró que se negaba a responder a acusaciones infundadas.

Carpio, abogado de profesión, también rechazó las acusaciones. “Mi cuñado y yo mismo fuimos crucificados en público en base a rumores y chismes”, dijo.

Estas acusaciones hicieron mucho ruido en Filipinas.

Duterte ha llegado a decir que estaría “feliz de masacrar” a tres millones de toxicómanos, y que indultaría a los policías declarados culpables en el marco de su campaña antidrogas. Sin embargo, siempre ha negado estar incitando a cometer asesinatos masivos.

El presidente alentó públicamente a su hijo a comparecer ante la comisión, pero le aconsejó invocar su “derecho al silencio”.

Numerosos filipinos apoyan la guerra contra la droga de Duterte.