El trastorno de pánico es un problema grave que 1 de cada 75 personas puede experimentar en algún momento. Aunque las causas exactas no están claras, parece haber una conexión con cambios importantes que pueden ser estresantes: graduarse en la universidad, casarse, tener un primer hijo, etc.

El trastorno de pánico afecta a entre el 2 al 3% de las personas cada año en Estados Unidos y Europa, con tasas que varían según la raza y el origen étnico.

¿Qué los provoca? Para manejar situaciones amenazantes, las personas producen una respuesta de “lucha o huida”. Es decir, cuando nos enfrentamos a una situación peligrosa, el cuerpo se moviliza y envía sangre desde sus extremidades hacia los músculos principales, produciendo adrenalina y aumentando la frecuencia cardíaca para que estemos mejor equipados para luchar contra el peligro.

Estas respuestas pueden ayudarnos a sobrevivir, pero a veces las experimentamos aunque no estemos en presencia de ningún peligro en absoluto: comenzamos a tener miedo y palpitaciones al percibir amenazas que no existen. Una vez que padecemos una crisis de este tipo, llamada ataque de pánico, comenzamos a tener “miedo al miedo” que se convierte en un círculo vicioso.

Los síntomas típicos

Un ataque de pánico es un aumento repentino del miedo severo, que generalmente alcanza su peor pico en pocos minutos. Durante este tiempo, se experimentan 4 (o más) de los siguientes síntomas:

  1. Latidos fuertes del corazón, palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado
  2. Transpiración
  3. Temblor
  4. Sensaciones de falta de aliento o sofocación
  5. Sentimientos de asfixia
  6. Dolor o malestar en el pecho
  7. Náuseas o malestar abdominal
  8. Mareos, inestabilidad o desmayos
  9. Escalofríos o sensaciones de calor
  10. Entumecimiento u hormigueo
  11. Sentimientos de irrealidad o desprendimiento de uno mismo
  12. Miedo a perder el control o “volverse loco”.
  13. Miedo a morir

Cómo actuar frente al ataque de pánico

Hay múltiples opciones de tratamiento eficaz para superar el trastorno de pánico, como ayuda psicológica/terapéutica y medicinal. Sin embargo, mientras se pide ayuda profesional, tal vez padezcas una crisis o tengas que ayudar a un amigo o familiar con ataque de pánico. Los profesionales especializados aconsejan:

  • Hay un umbral. Considera que la ansiedad no puede aumentar infinitamente. Fisiológicamente, hay un punto en el que no puede subir más y nuestros cuerpos no mantendrán ese nivel máximo de ansiedad por tiempo indefinido. Es incómodo llegar a ese punto, pero es importante recordar que la ansiedad se equilibrará y luego disminuirá con el tiempo.
  • Ya pasará. Las emociones son como una ola, vendrán y se irán.
    • Puedes manejarlo. Has experimentado esto antes, sabes qué esperar y podrás superarlo.
    • Asúmelo. Evitar el episodio ahora significará ansiedad sostenida en el futuro. Haz tu mejor esfuerzo para no evitar o alejar los sentimientos de pánico. En su lugar, respira en la experiencia y practica la aceptación.
    • Aprende a reconocerlo. Una de las experiencias más aterradoras del trastorno de pánico es tenerlo y no saber qué le está sucediendo a tu cuerpo. Al aprender más, puedes comenzar a identificar la experiencia.
  • No peligra tu vida. Aunque la experiencia de los ataques de pánico es muy angustiante, tener una crisis no causará que mueras o que pierdas completamente el control, y tampoco significa que te estés volviendo loco.

Fuente Holadoctor.com