La exanalista del ejército estadounidense Chelsea Manning hizo famoso a Julian Assange al entregarle cientos de miles de documentos confidenciales y sigue pagando por ello: tras siete años de cárcel, este icono transgénero vuelve a estar en prisión.

El 8 de marzo, la justicia la encarceló porque se negaba a testificar ante un gran jurado encargado de investigar sobre WikiLeaks y su fundador, el australiano Julian Assange.

“No participaré en un proceso secreto que desapruebo moralmente”, dijo para justificar su rechazo a declarar.

Manning, que nació varón con el nombre de Bradley hace 31 años y se convirtió en mujer en la cárcel, afirmó que ya había dicho todo lo que sabía durante su juicio ante una corte marcial.

La justicia le impuso en 2013 una condena de 35 años de cárcel, que el expresidente Barack Obama conmutó por una de siete años.

Tras el arresto de Assange el jueves en Londres a petición de Estados Unidos, los seguidores de Manning pidieron su liberación inmediata, bajo el pretexto que era víctima de una medida “represiva, cruel e inútil”.

La justicia estadounidense reveló poco después que el australiano había sido inculpado en marzo de 2018, esto es, un año antes de que el gran jurado convocara a Chelsea Manning. Para los defensores de ésta, eso demuestra que su testimonio era innecesario.

Aunque algunos estadounidenses, como el presidente Donald Trump, la califican de “traidora”, otros la ven como una mártir de la información que siempre ha asumido sus decisiones, en contraste con las ambigüedades de Julian Assange.

– “Artificial” –

Desde hace una década, los destinos de Manning y Assange están relacionados. En 2010, la exanalista contactó con WikiLeaks y le transmitió más de 250.000 cables diplomáticos y cerca de medio millón de documentos clasificados sobre las acciones militares de Estados Unidos en Irak y en Afganistán.

La publicación de esos documentos por WikiLeaks incomodó a Washington y dio fama mundial a la organización fundada cuatro años antes por Assange con una voluntad de transparencia total.

Manning utilizó un seudónimo para intercambiar correos electrónicos con un tal “Nathaniel”, que era probablemente Assange.

Actuando bajo anonimato, “me sentía mí misma, liberada de las miradas y las etiquetas que me imponen con frecuencia”, dijo tiempo después la analista, vejada desde la niñez por sus actitudes afeminadas.

“Tenía la impresión de que estábamos entablando una amistad”, añadió en una declaración bajo juramento con vistas a su juicio. “Con el tiempo me doy cuenta de que esa dinámica era artificial y que le daba más valor” que él.

– Hormonas –

Durante sus intercambios, Manning y Assange buscaron la forma de descodificar una contraseña del Departamento de Defensa, una decisión que motivó la inculpación del australiano en Estados Unidos por “conspiración para cometer intrusión informática”.

El proceso de extradición de Assange durará probablemente varios meses, y los abogados de Manning esperan que la liberen mucho antes de que el australiano sea enviado a Estados Unidos.

En su primera detención en la prisión militar para hombres de Fort Leavenworth (Kansas), Manning tuvo que luchar por obtener los tratamientos hormonales necesarios para su cambio de sexo e hizo dos intentos de suicidio antes de salir de la cárcel en mayo de 2017.

Esta vez, ingresó en una prisión mixta del estado de Virginia. Tras una veintena de días bajo un régimen de confinamiento especial, obtuvo el derecho a unirse a los demás reclusos, lo que le proporciona una mayor libertad de movimiento. “Pero sigue siendo muy duro” para ella, dicen sus defensores.