LondresReino Unido. El príncipe Enrique y su esposa Meghan amenazaron con emprender acciones legales tras la publicación por la prensa sensacionalista británica de unas fotos de la duquesa de Sussex con su hijo Archie en Canadá, informaron los medios británicos el martes.

Según el diario The Guardian y el canal de televisión Sky News, los abogados de la pareja afirman que las fotos fueron tomadas sin el conocimiento de Meghan por un fotógrafo escondido en unos arbustos en la isla de Vancouver, donde Enrique, de 35 años, se reunió con su esposa el lunes por la noche.



Los duques de Sussex denuncian que hay paparazzi con teleobjetivo permanentemente apostados en la isla de Vancouver para espiarlos.

Los tabloides The Sun y Daily Mail publicaron el martes fotos de la exactriz estadounidense de 38 años llevando a su hijo de ocho meses en un portabebés mientras paseaba a sus dos perros.



En otoño, la pareja se querelló contra algunos periódicos por invasión de privacidad y escuchas telefónicas.

«Perdí a mi madre y ahora veo a mi esposa convirtiéndose en víctima de las mismas fuerzas poderosas», dijo el hijo menor de la princesa Diana, que murió en un accidente de coche en París en 1997 mientras era perseguida por los paparazzi.

Según los medios de comunicación británicos, el príncipe Enrique, nieto de Isabel II de Inglaterra, llegó a Canadá el lunes para reunirse con su esposa e hijo.

Enrique y Meghan sacudieron a la monarquía británica a principios de mes al anunciar que querían abandonar sus funciones como miembros de primer plano de la familia real.

Tras diez días de discusiones, la reina anunció un acuerdo, con condiciones más restringidas de lo que parecía esperar la pareja, que entrará formalmente en vigor en primavera.

Por él ya no podrán utilizar el título de alteza real, Enrique tendrá que renunciar a sus honores militares y la pareja deberá devolver el dinero público con que se pagó la reforma de su casa cerca del castillo de Windsor.

En su primeras declaraciones públicas sobre la crisis, Enrique admitió el domingo en Londres que sentía «una gran tristeza».

«Teníamos la esperanza de seguir sirviendo a la reina, a la Commonwealth y a mis asociaciones militares, pero sin financiación pública. Desafortunadamente, eso no fue posible», dijo en una cena de caridad.