Tener la última palabra en una discusión nos hace sentir bien, pero esa sensación de satisfacción no dura mucho tiempo. Por lo general, todos los involucrados terminan sintiéndose mal. En tales situaciones, la mansedumbre es posible solo con autocontrol y discernimiento.

Sin embargo, vivir con mansedumbre no significa que dejemos de lado la valentía o la acción. En vez de eso, requiere que evaluemos cuándo debemos defendernos y cuándo confiar. Cristo no nos llama a guardar silencio ante la injusticia. Pero tal vez nos llama a entender cuándo debemos poner freno a nuestras opiniones, para escuchar realmente a alguien. Si queremos tener relaciones sanas, es importante que mostremos mansedumbre. Esto requiere que nos abstengamos de reaccionar con demasiada rapidez, y discernir cómo reaccionar con sabiduría.



PIENSE EN ESTO

Cuando usted está discutiendo, necesita mucha energía para mantenerse humilde con el fin de no decir algo hiriente o agresivo. Esta semana, pídale a Dios que le revele formas en que podría mostrar mansedumbre en esos momentos.



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Santiago 1.19-21 ofrece sabiduría práctica sobre cómo escuchar, actuar y evitar enojarse. ¿Cómo podría este consejo ayudarle a ser manso en situaciones difíciles?

Fuente Encontacto.org