Hace 27 años, «Medicina de amor» era un bálsamo en medio de la incertidumbre socio-política del país. Raulín Rodríguez no era un nombre popular como ahora. República Dominicana vivía una de las crisis más profundas después de mitad del siglo XX.

En ese 11 de marzo de 1994, el país vivía la agitación política propia de las elecciones presidenciales que se avecinaban en mayo. En ese mes la sombra del fraude asomaba y Joaquín Balaguer se preparaba para retener el poder a toda costa. El caudillo llevaba ya ocho años consecutivos en el Gobierno en esta última etapa (1986- 1994). Anteriormente había gobernado 12 años (1966-1978).



Indica el Listin Diario que luego de las elecciones de mayo de 1994 se alzaron las voces del fraude y luego de negociaciones se acordó recortar a dos años el gobierno de Balaguer, convocándose a nueva contienda electoral en 1996, que ganó el Partido de la Liberación Dominicana, con Leonel Fernández como candidato.

Era una época en la que sentía una amargura en la sociedad de entonces por la crisis económica y el deterioro de los servicios básicos que seguían golpeando a la población de 7 millones de personas.

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+ Boom de la bachata



Sin embargo, en el aspecto cultural, un ritmo afianzaba sus raíces. La bachata estaba en su ebullición.

Anthony Santos (El Mayimbe), Luis Vargas, Raulín Rodríguez y otros ahora veteranos emergían como la panacea de un pueblo amargado por tantos problemas socio-políticos y económicos.

Entre esos “doctores musicales” figura Raulín Rodríguez, quien encontró hace justo 27 años una “medicina de amor” para tantos sedientos de alientos, aunque fuera emocionales. Esa voz romántica en el jaleo de una guitarra atrajo la atención de una parte importante de la sociedad dominicana.

Este jueves el mismo Raulín lo recordaba en su Instagram: “27 años del lanzamiento de esta producción” (presentaba la carátula del disco y un cassette). Y preguntaba: “¿Cuántos años tenías?, ¿cuáles fueron y siguen siendo tus temas favoritos?”.

Además de “Medicina de amor”, el disco incluía los temas “Amor de lejos”, “Homenaje a mamá”, “María Luisa”, “Niña bonita”, “Mujer Infiel”, “Que vuelva”, “La morena”, “La cura de rosa” y “El tiguerón”.

A partir de ahí vinieron muchos temas más y con el tiempo consolidó su liderazgo en la bachata hasta convertirse en un real “Cacique del amargue”, como le llaman sus seguidores.

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+ Tres décadas de recorrido

Para llegar a esta jefatura musical han pasado más de 30 años de los casi 50 que tiene de vida (los cumple el próximo 16 de junio).

Sus primeros pasos en el canto fueron en su escuela primaria, durante su niñez. El baladista Juan Gabriel estuvo entre sus primeras inspiraciones para cantar.

“Nosotros éramos fanáticos de Juan Gabriel cuando estábamos jovencitos, yo me ponía con la radio a cantar como Juan Gabriel, y yo sentía que cantaba afinaíto como él, lo sentía, pero cuando las profesoras me mandaban a cantar me gustaba porque sentía que cantaba bien”, ha explicado.

Más tarde, doña Gloria, en su tierra natal, Santa María, Las Matas de Santa Cruz, provincia Montecristi, lo integró a un grupo folclórico en el que interpretaba décimas y cánticos populares como “Por ahí María se va”.

Ser artista de un pueblo del interior, fuera de la capital, conlleva doble esfuerzo, pero él quiso quedarse siempre ahí, con su gente.

“Quise quedarme en mi pueblo porque le tengo tanto amor a mi pueblo, además de que mi madre nunca quiso salir de la comunidad, haciéndoseme difícil salir y dejar a mi madre y a mi pueblo”, ha comentado.

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A los 14 años empezó a tocar la guitarra de oído, sin escuela, y ha sido el instrumento que lo ha distinguido como bachatero.

Nació con la música en la sangre y tiene un don para escribir. Además de “Medicina de amor” es autor de “Que vuelva”, “Nereyra”, “Una mujer como tú”, “Esta noche», «Soledad» y «Ay ombe».

La primera vez que cantó una canción en una agrupación, en la playa de Montecristi, vio que la gente lo aplaudía.

“Me pedían que cantara otra vez, eso me hizo sentir algo mágico”, recuerda.

Fue en la agrupación de Anthony Santos, al lado de Luis Vargas, donde comenzó su sendero a la cima de la bachata.

Después vinieron las desavenencias entre ellos y cada uno tomó caminos diferentes, aunque estampando sus propias huellas en el camino del género tropical.

A pesar de su popularidad Raulín se siente una persona normal, pero sin dudas su estilo de interpretar.

Su clave: “Yo tengo un sentimiento que cuando la gente va a una fiesta mía y yo rompo a cantar la gente se motiva, se bebe su trago, gritan las mujeres, a la gente le gustan mis canciones”.