Nació en Cuba en 1925, donde solo tuvo la oportunidad de ir a cantar en 1990, en la bahía Guantánamo

Al cumplirse 18 años de su desaparición física, el mundo recuerda hoy a Celia Cruz, aquella artista que con su carisma y su poderosa voz sobrepasó fronteras más allá del mundo hispanohablante para convertirse en la “reina de la salsa”.

Para recordar a este inolvidable ícono femenino de la música latina, se ha anunciado una biografía que está a punto de salir, según una entrevista que publica EFE a su autora, la filóloga especializada en música cubana Rosa Marquetti. Los motivos de escribirla estaban claros: “Había grandes vacíos en la manera en que ella habló de su relación con Cuba y, a la vez, en la historia oficial”.

Por muchas razones que se desvelan en el libro, Celia evitaba hablar de esos años, pero son los más importantes, porque fue donde se hizo». Titulada Celia en Cuba- 1925-1962, sigue un desarrollo cronológico año por año para ver cómo crece su carrera y se amplía su presencia a otros países desde su juventud como estudiante de Magisterio, “una de las pocas carreras a las que un negro pobre podía estudiar en Cuba”, destaca la autora, también cubana y afrodescendiente.

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“Siento una empatía extraordinaria por ella como cantante y como mujer. Si te pones a mirar lo que logró, de dónde salió y dónde llegó, no puedes hacer otra cosa que admirarla”, destaca, antes de verbalizar la otra gran razón para componer este relato- “Me molestaba que todos los que habían escrito sobre Celia Cruz eran hombres y no cubanos, así que esta mirada es diferente».

Porque para Marquetti, que destaca cómo el papel que tuvieron la madre de la artista y especialmente su tía, esta historia es también “la lucha de las familias negras afrodescendientes en Cuba desde la pobreza por que sus hijos validaran su talento y encontraran un camino de reconocimiento social».

La autora ha obviado anécdotas en favor de hechos y los ha encontrado en la “rica y variada prensa” que había antes de la revolución cubana, así como en testimonios de primera mano, es decir, gente que la conoció en esa época, como Irma Peñalver, que llegó a ser su modista, o Santiago Alfonso, prestigioso coreógrafo que ha defendido el cabaret en las artes escénicas en Cuba, el espacio en el que Cruz empezó a moldearse. “Todos los que la conocieron coinciden en su carácter. Hablan de su sencillez, de su determinación y disciplina. Tenía muy claros sus objetivos”, resume sobre este icono que falleció el 16 de julio de 2003.

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