Río de Janeiro .- Flavio Da Silva venció todos los obstáculos necesarios para llegar al éxito que disfruta hoy. El emprendedor tenía 19 años cuando consiguió trabajo vendiendo cursos de inglés por teléfono, pero tenía un pequeño problema… en su casa no había línea telefónica.

Esto pasó en 1991, un rato antes de que el uso del celular permeara en nuestro modo de vida. Flavio vivía en Río de Janeiro, y en ese momento tener teléfono era un lujo que su familia no se podía dar.



A pesar de ese contratiempo, no se rindió. comenzó a buscar soluciones para su problema. Fue entonces cuando se le ocurrió usar los teléfonos públicos que estaban en el aeropuerto de Santos Dumont. Con todo el ruido y las personas alrededor, logró hacer de la terminal una oficina funcional.

«No tengo ninguna duda de que encontré mi destino en ese aeropuerto», dijo el empresario en entrevista con BBC.



Con esa dedicación fue que logró llegar a ser el director comercial de la empresa para la que trabajaba. Sin embargo, cuando propuso varias ideas para mejorar la calidad de los cursos que impartían, su jefe las rechazó por completo. Fue esto lo que lo impulsó a salirse de la empresa y jugársela por sí solo a los 23 años. Aquí vinieron los siguientes dos problemas: no sabía hablar el idioma y no era fácil conseguir un préstamo bancario.



Necesitaba un equipo para sacar el proyecto adelante, entonces contrató a 18 personas para que lo ayudaran a desarrollar los cursos de una manera pedagógica. Utilizó una línea de crédito con una tasa de interés de 12% mensual para arrancar y de ahí logró construir un imperio.

Fue así como comenzó su empresa Wise Up, que tenía una ventaja competitiva porque ofrecía un servicio innovador. En ese entonces los cursos de inglés estaban dirigidos a niños o personas que buscaban irse de viaje, la nueva aportación que hizo Da Silva fue dirigirlo a las personas que buscaban trabajo, por lo que las clases tenían un enfoque de negocios y prometían enseñar inglés en 18 meses.

Irónicamente, él no empezó a estudiar inglés hasta que pusieron la centésima sucursal de la escuela, pero eso no frenó las operaciones. En un año ya tenía mil estudiantes después de que abrieran la escuela que está en el centro de Río de Janeiro. En 1998 empezó a crecer la empresa y pronto tenían sucursales por todo el país.

Originalmente se iba a llamar Winners la escuela de inglés, a Da Silva le gustó tanto que mandó a hacer todo el branding con ese nombre. Pero resulta que la marca ya existía y se metió en problemas legales. Rápidamente tuvo que buscar otras opciones, pero como ya había mandado a hacer varias cosas con la letra “W” para ahorrar la mayor cantidad de dinero tenía que pensar en un nombre que empezara con la misma letra. Así fue como llegaron al nombre “Wise Up” que se mantiene hasta hoy.

Después de un rato vendió la empresa con un valor de 240 millones de dólares al grupo Abril. La mitad de ese dinero la usó para invertir en otra de sus pasiones: el fútbol. Compró el equipo estadounidense de Orlando City antes de que formara parte de la Major Soccer League.

«Me veo como un constructor. Quiero construir un proyecto exitoso y luego proponerme un nuevo desafío», dijo a la BBC.

Hace poco ofrecieron volver a venderle Wise Up porque la empresa estaba quebrando. Da Silva accedió y rápidamente puso metas para salvar el proyecto. Se le reconoce por muchos expertos como un emprendedor audaz que siempre está pensando con 10 pasos de anticipación y se ha corroborado con todos sus logros en el mundo empresarial.

Además de estar a cargo otra vez de la compañía y ser dueño de un club de fútbol, encuentra el tiempo de escribir un blog. Éste se llama Valuation Generation, lo que busca inspirar a otras personas a convertirse en emprendedores.