Sorprendidos, muchos turistas rusos que copan las paradisíacas playas cubanas, se enteraron del cierre de los espacios aéreos de Europa y Rusia. Confían en volver sin problema a su país, pero la invasión a Ucrania les ha amargado las vacaciones.

En las transparentes playas de Varadero, frente a la monumental arquitectura de La Habana o en los occidentales campos de Viñales, los rusos son con mucho los visitantes extranjeros más asiduos en la isla.



«Lo que quisiéramos es regresar a casa tranquilamente y en tiempo», dice a AFP, Evgenia Darovskaya, una periodista de 43 años que pasea por Varadero con su familia y debe regresar el martes a Rusia, tras 15 días en la isla.

La preocupación obedece a que los 27 miembros de la Unión Europea anunciaron el domingo por la noche el cierre de sus espacios aéreos a las compañías y aeronaves rusas, como represalia a la invasión de Ucrania por las fuerzas de Moscú.



En respuesta, Rusia cerró, «salvo con permiso especial», su espacio aéreo a compañías de 35 países europeos y Canadá.

La compañía rusa Aeroflot retiró el lunes la venta de boletos a Cuba, México y Estados Unidos, mientras que Azur Air suspendió también sus vuelos a Cuba, México y República Dominicana, según informó Prensa Latina.

Darovskaya, que tiene parientes en Ucrania, dice que se ha «sentido genial», pero que en su «estado de ánimo ha influido lamentablemente los acontecimientos» actuales.

«Es imposible no pensar en eso» y «claro que sentimos temor, todos sentimos miedo, porque nadie quiere la guerra para sus hijos», dice mirando los grandes ojos azules de su pequeña.

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– «La guerra es dolor» –

 

Con un bronceado caribeño, Dxana Lapushkina, una obrera metalúrgica de 35 años, se queja.

«No estoy de acuerdo con que hayan cerrado los espacios aéreos, pero no tendríamos temor de quedarnos con ustedes porque son muy cariñosos, la guerra es otra cosa, es dolor», dice.

El cierre de la pandemia del coronavirus desde marzo de 2020 golpeó con fuerza la industria turística, motor económico de Cuba.

Sin embargo, el turismo ruso se incrementó 197% en dos años, al pasar de 74.019 viajeros de esta nacionalidad en 2020 a 146.151 en 2021.

En segundo lugar se ubicaron los de Canadá, que solían ser los más asiduos y con la pandemia disminuyeron de 413.409 en 2020 a 68.944 en 2021.

Sumida en la peor crisis en casi 30 años, Cuba apuesta al turismo como parte de su recuperación.

El experto en turismo José Luis Perelló alerta que la disminución de turistas por la guerra «será nuevamente un duro impacto al turismo internacional, para Cuba y toda la región caribeña, acentuando aún más el temor de viajar».

Para este año, «los acuerdos con operadores, apuntaban a consolidar este flujo a visitantes (rusos), como un importante mercado en la difícil recuperación turística de isla», explica.

 

– «Políticos desgracian todo» –

 

El lunes el canciller, Bruno Rodríguez, expresó en Twitter el compromiso de Cuba con el derecho internacional humanitario y llamó a «las partes a proteger la población civil, sus bienes y la infraestructura civil en Ucrania».

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La semana pasada, Cuba se pronunció contra la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas y dijo que Moscú tiene derecho a defenderse.

La histórica cercanía con Rusia quedó patente la semana pasada cuando el presidente de la Duma, Viacheslav Volodin, y el viceprimer ministro ruso, Yuri Borísov, visitaron la isla con un intervalo de seis días.

Juan González, asesor para las Américas de Joe Biden dijo a la radio Voz de América que Cuba sufrirá los efectos de las sanciones internacionales a Rusia.

«Eso es por diseño, o sea que Venezuela va a empezar a sentir esa presión, Nicaragua va a sentir esa presión, al igual que Cuba», enfatizó.

Para Dimitri Vdovin, de 31 años y empleado de un club se baile en Moscú, Cuba «es una maravilla, la naturaleza, el clima, el trato de la gente, pero lo más impresionante es el mar, una belleza», dice en pleno bulevar de Varadero mientras intenta unos pasos de salsa.

En tanto, varios grupos de turistas rusos e incluso algunos ucranianos se concentran en una emblemática plaza de la Habana Vieja, se toman fotos y escuchan en silencio a sus guías, que invariablemente hablan ruso.

«Estamos muy agradecidos a los rusos de que están viniendo aquí y a los ucranianos también», dice un guía de 55 años que estudió hace 25 ingeniería petrolera en Kazajistán.

«El pueblo se lleva bien, ahí yo tengo rusos y ucranianos y todos se llevan bien, ninguno está por la guerra», dice, lamentando que sean «los políticos los que desgracian todo».