
En los últimos meses, YouTube ha realizado un experimento que está generando un intenso debate: la plataforma aplicó inteligencia artificial (IA) para retocar videos de usuarios sin consultarles ni notificarles.
Lo que parecía un detalle menor —arrugas de ropa más definidas, piel suavizada o texturas alteradas— fue detectado por creadores como Rick Beato y Rhett Shull, ambos referentes en el mundo de la música con millones de seguidores. “Entre más lo veía, más me molestaba”, afirmó Shull, al notar cómo su imagen parecía haber pasado por un filtro que él nunca eligió.
La confirmación de YouTube
Tras semanas de rumores y quejas en redes sociales, YouTube admitió que estaba probando esta tecnología en algunos Shorts, con el argumento de mejorar la calidad visual mediante “aprendizaje automático”. Sin embargo, varios expertos sostienen que la distinción entre aprendizaje automático e IA es poco relevante en este contexto: se trata, en ambos casos, de algoritmos que intervienen en el contenido sin el consentimiento de sus autores.
El trasfondo: la IA como filtro invisible
Este episodio es parte de una tendencia más amplia: una realidad cada vez más mediada por la inteligencia artificial. Desde las fotos de la luna tomadas con smartphones que en realidad son generadas con ayuda de IA, hasta las remasterizaciones de series clásicas en plataformas de streaming, la tecnología añade capas de artificio difíciles de detectar.
El profesor Samuel Wooley, especialista en desinformación, advierte que este tipo de prácticas puede debilitar la confianza del público: “La gente ya duda de lo que ve en redes sociales. Si además las plataformas alteran los contenidos sin avisar, se corre el riesgo de erosionar aún más esa confianza”.
¿Qué es real en la era digital?
La polémica recuerda a los debates sobre Photoshop o los filtros de belleza en redes sociales, pero con una diferencia clave: la automatización invisible. Ya no se trata de una decisión consciente del creador, sino de plataformas que modifican el material en nombre de la “calidad”.
La pregunta de fondo no es solo si notamos los cambios, sino cómo afecta esto a nuestra relación con la realidad. Si cada imagen, video o sonido pasa por un filtro de IA antes de llegar a nosotros, ¿seguimos conectados con lo real, o solo con una versión procesada de él?
Un futuro incierto
Mientras algunos creadores se sienten incómodos con esta práctica, otros la aceptan como parte natural de la evolución tecnológica. Sin embargo, el debate apenas comienza: en una época donde la autenticidad es cada vez más difícil de verificar, el verdadero reto será mantener la confianza en lo que vemos y escuchamos en internet.