El régimen venezolano rechazó la reciente advertencia del presidente estadounidense Donald Trump, quien declaró que el espacio aéreo de Venezuela debía considerarse “cerrado en su totalidad”. Caracas calificó el mensaje como una amenaza colonialista y un acto hostil, denunciando que se trata de una nueva muestra de injerencia en su soberanía. La tensión entre ambos gobiernos continúa escalando en un contexto marcado por acusaciones, sanciones y presiones diplomáticas.
La declaración de Trump, publicada en la red social Truth, fue dirigida a aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas, en un intento de advertir sobre restricciones totales en el espacio aéreo venezolano. Como respuesta, el canciller Yvan Gil emitió un comunicado condenando la amenaza y asegurando que Venezuela no aceptará órdenes de ningún poder extranjero, reafirmando su rechazo a lo que consideran una agresión arbitraria e injustificada.
Cuba se sumó a la defensa del régimen de Nicolás Maduro, denunciando supuestas interferencias electromagnéticas en el Caribe atribuidas al despliegue militar de Estados Unidos. La presencia del portaaviones USS Gerald R. Ford y miles de efectivos estadounidenses en la región ha aumentado la preocupación sobre una mayor presión militar y una posible escalada del conflicto. Washington sostiene que este despliegue tiene objetivos relacionados con operaciones antidrogas.
La situación se agravó aún más tras una conversación telefónica entre Trump y Maduro, en la que el presidente estadounidense reiteró que multiplicaría las acciones militares si el líder venezolano no abandona el poder en el corto plazo. La participación del secretario de Estado Marco Rubio y otros altos funcionarios en la llamada evidenció un cierre total a cualquier vía de negociación con el régimen.
En paralelo, Estados Unidos designó al Cartel de los Soles —estructura que vincula directamente con altos funcionarios venezolanos— como Organización Terrorista Extranjera, ampliando su capacidad legal para imponer sanciones y ejecutar acciones más agresivas contra este grupo. Mientras Washington sostiene que Maduro lidera una red criminal de alcance hemisférico, el régimen venezolano rechaza la acusación y asegura que no existen pruebas que lo respalden, aumentando la confrontación diplomática.



