Emprender en República Dominicana no es una moda ni una promesa de redes sociales. Es una necesidad cotidiana que se vive en cada esquina del país. Así lo plantea Rolando Espinal, al señalar que el verdadero motor económico no está en Wall Street ni en la criptomoneda, sino en el colmado, la barbería, el salón de belleza y los pequeños negocios que sostienen barrios completos. Según datos oficiales, estos emprendimientos representan cerca del 98 % del tejido empresarial y generan más del 50 % del empleo, convirtiéndose en la base real de la economía nacional.
El gran error: confundir emprendimiento con autoempleo
Uno de los principales problemas del emprendedor dominicano es iniciar un negocio por necesidad y no por oportunidad. Muchos invierten su liquidación laboral para “ser su propio jefe”, sin entender que en sectores como barberías, salones o colmados terminan comprándose un empleo más duro, peor pagado y con mayor estrés. Cuando el dueño hace de todo —abre, atiende, limpia y cierra— no tiene un negocio, sino un autoempleo frágil que se cae al primer problema de salud o económico. La clave, explica Espinal, es pensar desde el inicio en crear un sistema que pueda funcionar sin el dueño en el mediano plazo.
El colmado: un negocio de alto riesgo mal entendido
Aunque muchos lo ven como un negocio sencillo, el colmado es en realidad una operación financiera delicada. Los productos básicos dejan márgenes muy bajos, mientras que la ganancia real suele estar en el alcohol y la chuchería. Sin embargo, el gran enemigo es la factura eléctrica, que puede alcanzar entre 20 y 35 mil pesos mensuales solo por mantener neveras encendidas. A esto se suma el delivery, que sin control se come la rentabilidad, y el famoso fiao, una práctica que puede descapitalizar el negocio si no se limita. La recomendación es clara: el crédito informal no debe superar el 20 % del capital de trabajo y debe controlarse con herramientas tecnológicas simples.
Salones y barberías: el reto del talento humano
En el sector belleza, uno de los más fuertes del país, el problema no es la demanda, sino la fidelidad. El cliente suele ser leal al estilista o barbero, no al negocio. Cuando ese talento se va, se lleva a los clientes. El modelo tradicional de reparto 50/50 ya no garantiza rentabilidad ante los altos costos de energía. Por eso surgen dos alternativas: rentar las sillas y convertirse en gestor del espacio, o crear una experiencia de marca donde el cliente vaya por el lugar, el servicio y la comodidad. En ambos casos, la higiene se convierte en un factor decisivo para atraer y retener a la clase media.
Formalizarse sin miedo: la clave para sobrevivir
Contrario a la creencia popular, no formalizarse es uno de los errores más graves. Sin registro fiscal no hay acceso a crédito, verifón ni estabilidad. Para los pequeños negocios existe el Régimen Simplificado de Tributación, una opción que permite cumplir con impuestos sin reportes complejos ni altos costos contables. Formalizarse de manera inteligente reduce riesgos, abre puertas bancarias y evita el temor constante a sanciones o cierres.
Ubicación, seguridad y entorno: factores que definen el éxito
El “punto” ya no es solo tráfico peatonal. Hoy la gente camina menos y compra más por WhatsApp. En colmados importa la densidad poblacional; en salones y barberías, el parqueo es vital. Un local sin parqueo está prácticamente condenado al fracaso con la clase media. A esto se suma la seguridad: cámaras, respaldo en la nube y buenas relaciones comunitarias no son lujos, son herramientas de supervivencia.
De aventurero a empresario
Emprender en República Dominicana sigue siendo viable, pero ya no basta con abrir un local y esperar que funcione. Hoy se requiere control de costos, manejo del crédito, retención de talento y formalización estratégica. Como concluye Rolando Espinal, el país necesita menos improvisación y más empresarios que gestionen. El negocio no debe depender del sacrificio eterno del dueño, sino de un sistema que le permita crecer, sostenerse y, eventualmente, darle libertad.



