El turismo de cruceros sigue mostrando cifras récord en llegada de pasajeros a los puertos dominicanos. Sin embargo, detrás del crecimiento en números existe una realidad menos visible: la gran mayoría de los cruceristas no pisa suelo dominicano, lo que limita de forma significativa el impacto económico real de este tipo de turismo.
Una llegada masiva con poco desembarco
Durante el último año, millones de pasajeros llegaron a la República Dominicana a bordo de cruceros. No obstante, los datos oficiales indican que solo alrededor de tres de cada 100 cruceristas bajan del barco y pasan por los controles migratorios para entrar formalmente al país. Esto significa que más del 95% permanece dentro del barco o en áreas portuarias sin contacto directo con la economía local.
Cruceristas que no cuentan como visitantes reales
Aunque estos pasajeros son incluidos dentro de las estadísticas generales de turismo, la mayoría no consume productos ni servicios fuera del crucero. Al no salir del barco, no visitan comercios, restaurantes, guías turísticos ni transporte local, lo que reduce considerablemente la derrama económica que suele asociarse al turismo marítimo.
Las razones por las que no bajan
Entre los principales factores que influyen en esta situación se encuentran:
- Escalas cortas que limitan el tiempo para salir del puerto.
- Servicios todo incluido dentro del crucero, que reducen el incentivo de bajar.
- Excursiones privadas organizadas directamente por las navieras.
Estas condiciones hacen que muchos pasajeros prefieran quedarse a bordo, aun estando frente a destinos turísticos reconocidos.
Impacto económico reducido
El gasto de los cruceristas que sí desembarcan se concentra principalmente en souvenirs, excursiones cortas y consumo puntual. Aunque genera ingresos, este impacto es limitado si se compara con el de los turistas que llegan por vía aérea y permanecen varios días en el país utilizando hoteles, restaurantes y otros servicios.
Datos revelados por El Dinero
Esta realidad fue expuesta por el periódico El Dinero, que destacó cómo el crecimiento del turismo de cruceros no se traduce automáticamente en un mayor beneficio económico para el país si la mayoría de los pasajeros no sale del barco ni interactúa con la economía local.
Un reto para el turismo dominicano
El bajo nivel de desembarco plantea un desafío importante: convertir la llegada de cruceros en visitas reales al país. Incentivar excursiones atractivas, mejorar la experiencia fuera del puerto y facilitar el acceso a ciudades cercanas podría marcar la diferencia entre recibir pasajeros y recibir verdaderos visitantes que aporten de forma directa al desarrollo económico local.



