Saltar al contenido

Ham, el chimpancé que abrió el camino al viaje espacial humano

En 1983, el Smithsonian National Air and Space Museum desató una fuerte polémica al anunciar la exhibición del cuerpo de Ham, un chimpancé que había sido clave en los inicios de la carrera espacial. La reacción fue inmediata: editoriales y figuras públicas cuestionaron el gesto, advirtiendo que sentaba un precedente inquietante incluso para los astronautas humanos. La controversia reveló una historia poco conocida, pero fundamental para la exploración espacial.

Ham fue uno de los animales utilizados durante la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética competían por demostrar su supremacía tecnológica. Antes de enviar seres humanos al espacio, ambas potencias realizaron experimentos con animales. Muchos murieron en el intento, como la perra soviética Laika en 1957. Sin embargo, estas pruebas permitieron confirmar que un ser vivo podía viajar al espacio y regresar con vida.

El siguiente desafío era saber si, en condiciones de gravedad cero, alguien podría operar una nave. Para responder esa pregunta, la NASA recurrió a un chimpancé, el primate más cercano genéticamente al ser humano y con capacidad de aprendizaje. Ham, identificado inicialmente como el número 65, fue seleccionado entre decenas de chimpancés traídos desde África y entrenados en Estados Unidos mediante un sistema de estímulos, recompensas y castigos.

El 31 de enero de 1961, Ham fue lanzado al espacio a bordo de la cápsula Mercury Redstone. El vuelo superó la altitud y velocidad previstas debido a fallos técnicos, pero duró apenas 16 minutos. Durante ese tiempo, el chimpancé permaneció varios minutos en gravedad cero y logró ejecutar correctamente las tareas que le habían sido enseñadas, demostrando que era posible operar controles en el espacio.

Aunque la misión fue considerada un éxito, Estados Unidos no ganó la carrera espacial. Dos meses después, la Unión Soviética envió al primer hombre en órbita, Yuri Gagarin. Aun así, el vuelo de Ham permitió a la NASA avanzar con mayor seguridad en sus misiones tripuladas.

Tras su breve fama mediática, Ham pasó gran parte de su vida en cautiverio. Vivió años en zoológicos, en condiciones limitadas, hasta morir en 1983 a los 25 años. Hoy, sus restos están repartidos entre museos y memoriales.

La historia de Ham plantea una reflexión ética inevitable: fue un héroe involuntario del progreso científico, cuya contribución resultó decisiva, pero cuyo sacrificio rara vez es recordado con la dignidad que merece.

Juan Calcano

Juan Calcano

Juan Calcaño, blogger, diseñador, amante de la tecnología y escritor.

Etiquetas: