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Aníbal de Mar, la voz olvidada detrás de la risa continental

Durante décadas, millones de latinoamericanos rieron con un tribunal radial que parecía eterno. Sin embargo, el actor que sostuvo con su voz y su presencia al célebre juez de aquella comedia murió en el exilio, sin regalías ni reconocimiento proporcional a su legado. Esta es la historia de Aníbal de Mar, figura clave —y casi borrada— de La Tremenda Corte

Introducción :  Youtube es un canal de comunicación audiovisual, no solo una red social, que vale mucho mas en la medida en que presenta versiones a fondo, que hacen justicia a hechos que pasarían inadvertidos de otra forma. Este trabajo producido para este medio por

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Ofrece una verdad que duele: la explotación y abandono de talentos que aportaron  (y lo siguen haciendo cada día, llevando alegría gracias a talentos que se han insertado como inmortales y permanentes), a pesar del trato que recibieron en vida sus protagonistas.

El texto del trabajo lo exponemos acá, junto al trabajo audiovisual, que arroja información que debemos conocer y reproducir:

Cientos de episodios, décadas de retransmisiones y una audiencia que atravesó fronteras convirtieron a aquel tribunal humorístico en uno de los fenómenos sonoros más duraderos de América Latina. Aún hoy, sus grabaciones continúan sonando en emisoras, plataformas digitales y archivos sonoros del continente.

Sin embargo, detrás de ese éxito masivo se esconde una historia incómoda: los actores cobraron pagos únicos por episodio y nunca recibieron regalías por las innumerables retransmisiones que generaron ingresos durante décadas.

Entre ellos estaba la actriz Mimí Cal, recordada por su personaje Nananina, quien murió en un asilo en Miami recibiendo apenas una pensión mínima, mientras su voz seguía circulando y produciendo ganancias para terceros. No fue una excepción, sino parte de un modelo industrial que capitalizó la obra sin retribuir a sus creadores.

En el centro de ese universo humorístico brillaba otro nombre: el del comediante Leopoldo Fernández, célebre por su personaje Tres Patines. Pero el equilibrio del programa dependía de un contrapunto menos ruidoso y más esencial: el juez interpretado por Aníbal de Mar, cuya presencia contenía y ordenaba el caos verbal del protagonista.

De las montañas a la radio

Aníbal de Mar nació como Evaristo Samón Domínguez en Yateras, una zona rural y aislada del oriente cubano. Su infancia apenas dejó registros documentales. Lo que sí se sabe es que desarrolló una extraordinaria capacidad vocal: podía modificar timbre, edad y acento con rapidez sorprendente.

Ese talento lo llevó a Santiago de Cuba, donde trabajó como imitador y actor radial. Allí fue descubierto por el escritor Félix B. Caignet, quien buscaba una voz para un detective asiático ficticio: Chan Li Po.

El personaje se convirtió en un fenómeno inmediato. Durante su transmisión, las calles quedaban prácticamente vacías mientras los oyentes seguían los casos del detective con una atención casi ritual. La interpretación era tan convincente que muchos creyeron que el actor era realmente de origen chino.

El éxito se trasladó incluso al cine con la película La serpiente roja, considerada el primer largometraje sonoro cubano. Sin embargo, tras cuatro años en el aire, una ruptura con el creador del personaje puso fin abrupto a esa etapa.

El encuentro que cambió la historia

Aquella salida inesperada abrió la puerta a una alianza decisiva. En los estudios de radio coincidió con Leopoldo Fernández, ya popular por su estilo caótico y vertiginoso.

La química fue inmediata. Mientras Fernández desbordaba palabras y juegos lingüísticos, De Mar aportaba solemnidad, pausa y autoridad. No era un simple “personaje serio”, sino la estructura dramática que permitía que el humor funcionara.

El resultado fue La Tremenda Corte, estrenada en La Habana en la década de 1940. El programa reproducía en clave cómica los juicios correccionales de la época, con denuncias absurdas, defensas delirantes y sentencias rimadas del juez.

El éxito trascendió la isla. En países como la República Dominicana, su popularidad fue tal que autoridades educativas intentaron retirarlo del aire por temor a la influencia del habla cubana en los niños, lo que provocó protestas públicas. https://www.youtube.com/embed/VmDKnNRw6DA?si=a_pSYhQ-VNgWNqib

Fama continental y giro político

Además de la radio, el dúo actuó en cine, televisión y espectáculos en vivo por el Caribe y México. Eran figuras de alcance continental.

Tras el triunfo de la revolución cubana liderada por Fidel Castro, ambos artistas inicialmente mostraron simpatía por el nuevo gobierno. Pero pronto la censura y las presiones políticas afectaron el ejercicio del humor independiente.

La nacionalización de los medios y la interrupción de presentaciones teatrales marcaron el declive de sus oportunidades en la isla. Finalmente, ambos partieron al exilio en Estados Unidos a comienzos de la década de 1960.

Exilio y desposesión

Mientras intentaban reconstruir sus carreras en Miami, las grabaciones del programa comenzaron a circular masivamente por América Latina. Fueron vendidas a bajo precio a emisoras y distribuidores, generando ingresos constantes sin participación económica de los actores.

Leopoldo Fernández continuó trabajando hasta avanzada edad por necesidad económica. Nunca recibió regalías por los años de éxito radial. La industria había conservado la obra, pero no a sus creadores.

Un vínculo con la comedia televisiva mexicana

El talento de Aníbal de Mar reapareció en México a finales de los años sesenta, cuando participó en un programa de comedia encabezado por Roberto Gómez Bolaños. En ese proyecto coincidió con actores como Ramón Valdés, Rubén Aguirre y María Antonieta de las Nieves, quienes posteriormente formarían parte del universo de El Chavo del Ocho y El Chapulín Colorado.

Pese a esa oportunidad, regresó a Miami, donde permanecía su antiguo compañero. La fidelidad profesional y personal pesó más que las posibilidades de reinvención.

Muerte en silencio

Aníbal de Mar murió en Miami a inicios de la década de 1980, con poco reconocimiento público y sin claridad documental sobre la causa de su fallecimiento. Leopoldo Fernández lo sobrevivió algunos años, marcado por una profunda tristeza y la sensación de haber sido olvidado por la industria.

Ambos dejaron tras de sí una obra que sigue viva. Sus episodios continúan circulando en radio, internet y plataformas de audio, conectando generaciones que nunca los conocieron personalmente.

Un legado sin monumentos

Investigadores y coleccionistas han dedicado años a rescatar la historia del programa y de sus protagonistas, intentando compensar la ausencia de homenajes oficiales.

No hay calles con sus nombres ni grandes monumentos, pero sí millones de oyentes que aún reconocen sus voces.

La paradoja es evidente: crearon una de las comedias más influyentes del siglo XX en lengua española y, sin embargo, terminaron sus vidas lejos de la prosperidad que su obra generó.

La risa que produjeron fue inmensa.

El reconocimiento, en cambio, llegó tarde —o nunca.

José Rafael Sosa

José Rafael Sosa

José Rafael Sosa es un periodista, gestor cultural y crítico de cine y teatro dominicano con más de 25 años de trayectoria en medios de comunicación. ha trabajado en grandes diarios como El Nacional, La Noticia y El Nuevo Diario; revistas como ¡Ahora! y Semanario Firme; radio en Radio Central, Radio Mil Informando y Cadena de Noticias; y televisión en programas de Color Visión como La Super Tarde y Super Revista. Fundador en 2008 de www.joserafaelsosa.com y autor de libros de literatura. En la actualidad, edita los medios institucionales www.adompretur.com y www.elcooperadordigital.com, además de contribuir a ensegundos.do y remolacha.net. Ganador de diversos premios nacionales de periodismo desde 2007 hasta la fecha, Sosa destaca por su compromiso con la promoción de la cultura dominicana, combinando periodismo investigativo con análisis profundos de artes escénicas y eventos literarios.