Los pasillos de los supermercados en la República Dominicana son el escenario de una feroz y silenciosa competencia que está redefiniendo el comercio minorista. De acuerdo con un profundo reportaje investigativo publicado por el periódico El Avance, bajo la firma de los periodistas Martín Severino y Víctor Herasme, la masificación de las «marcas blancas» o marcas propias de los supermercados ha pasado de ser una alternativa de ahorro a una potencial amenaza para la industria nacional.
Lo que inicialmente representó una democratización del consumo a través de precios más competitivos, hoy plantea serios desafíos. Según la investigación, cadenas como Grupo Ramos, Centro Cuesta Nacional (CCN), Bravo, Plaza Lama, Olé y Carrefour han expandido drásticamente sus líneas de productos propios, abarcando desde alimentos básicos hasta artículos de higiene.
Desplazamiento en los anaqueles y denuncias en el sector
El crecimiento de estas marcas ha sido tan acelerado que, según Ricardo Rosario, presidente de la Central Nacional de Detallistas Unidos, en algunos supermercados hasta el 80 % de las góndolas están ocupadas por marcas blancas. Esta realidad ha forzado a empresas tradicionales a tomar decisiones drásticas.
- El caso Lumijor: Recientemente, la reconocida panificadora anunció su salida oficial de los supermercados Bravo tras considerar que el espacio para las marcas tradicionales estaba siendo opacado.
- Denuncia de cobros: Una fuente reveló a El Avance que la cadena Bravo exige a sus proveedores un pago obligatorio equivalente al 8 % de las ventas generadas por sus productos para mantener presencia en los anaqueles, mientras el establecimiento otorga mayor visibilidad a sus propias marcas.
Preocupación por la calidad, el etiquetado y la libre competencia
Más allá de la competencia comercial, surgen preocupaciones sobre la trazabilidad de los productos. Tanto los comerciantes como expertos en economía advierten sobre los riesgos de reempacar productos importados sin que el consumidor conozca su verdadero origen.
«Es un asunto de salud para la gente que consume», afirmó Ricardo Rosario, señalando que la falta de información sobre la procedencia de algunos artículos podría convertirse en un tema sanitario sensible.
En esta misma línea, Mario Pujols, vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Industrias de la República Dominicana (AIRD), exigió que se fortalezca el cumplimiento del etiquetado en español y el registro sanitario para todos los productos, independientemente de si son marcas privadas o tradicionales. Por su parte, el economista Henri Hebrard advirtió que la importación masiva de mercancías bajo etiquetas de supermercados, en lugar de alianzas con productores locales, distorsiona la competencia si no se exigen los mismos requisitos a los productos extranjeros que a la industria local.
Un fenómeno global con impacto local
El reportaje de El Avance destaca que el auge de las marcas blancas no es exclusivo del país. En naciones como España (donde dominan el 58.5 % de las compras), Chile y Colombia, la inflación ha consolidado estas opciones, que han dejado de ser vistas como «productos baratos» para convertirse en compras inteligentes.
En República Dominicana, los consumidores se encuentran divididos: algunos priorizan el ahorro comprando marcas del supermercado, otros se mantienen fieles a la tradición, y un tercer grupo combina ambas opciones.
Sin embargo, el impacto estructural de esta tendencia es lo que preocupa al sector empresarial. Con una manufactura local que genera más de 147,000 empleos formales (y que asciende a más de 300,000 si se suman las zonas francas), la supervivencia de la industria dominicana depende de que se establezcan reglas claras que permitan una competencia justa y equilibrada en los anaqueles del país.



