Una antigua formación fluvial fue identificada a más de 35 metros de profundidad bajo la superficie de Marte, aportando nuevas y sólidas evidencias de que el planeta rojo tuvo agua líquida en un pasado remoto.
El hallazgo fue realizado por el rover Perseverance de la NASA en el cráter Jezero, una zona clave para el estudio de la posible habitabilidad marciana. Este descubrimiento amplía el período en que Marte pudo haber sostenido condiciones favorables para la vida y redefine la línea de tiempo de su evolución geológica.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Science Advances, destacándose como uno de los aportes más relevantes de esta misión espacial.
Desde su llegada en febrero de 2021, el rover ha estado explorando el cráter Jezero, recolectando muestras de rocas con el objetivo de encontrar indicios de vida antigua. Esta área fue seleccionada por sus características geológicas, ya que presenta señales claras de haber sido un entorno con presencia de agua en el pasado.
Una de las zonas que más llamó la atención de los científicos es conocida como la “Unidad del Margen”, rica en minerales carbonatos. En la Tierra, estos compuestos suelen formarse en ambientes acuáticos estables, como lagos o mares poco profundos, lo que sugiere que en Marte existieron interacciones prolongadas entre el agua y la roca.
El estudio se basó en 78 recorridos realizados entre septiembre de 2023 y febrero de 2024, utilizando tecnología avanzada de radar de penetración terrestre. El instrumento clave fue el sistema RIMFAX, capaz de detectar estructuras subterráneas a profundidades nunca antes alcanzadas en el planeta.
Gracias a esta tecnología, los investigadores lograron construir un mapa tridimensional del subsuelo marciano, identificando múltiples capas inclinadas de sedimentos conocidas como clinoformas. Estas estructuras son típicas de los deltas fluviales, que se forman cuando un río desemboca en un cuerpo de agua, como un lago.
Los científicos estiman que este delta subterráneo se originó entre 3,700 y 4,200 millones de años atrás, siendo incluso más antiguo que el delta visible en la superficie del cráter Jezero. Esto indica que existió un sistema fluvial previo, lo que extiende aún más el período en que Marte pudo haber tenido condiciones habitables.
Durante un recorrido de aproximadamente 6.1 kilómetros, el equipo identificó diversas estructuras subsuperficiales y capas sedimentarias que evidencian múltiples procesos de erosión y deposición a lo largo del tiempo.
La investigación, liderada por Emily Cardarelli de la Universidad de California en Los Ángeles, concluye que este descubrimiento revela un antiguo paisaje marciano bien conservado, donde existieron ambientes deltaicos mucho antes de lo que se conocía.
Además, refuerza la teoría de que Marte tuvo un clima más cálido y húmedo en el pasado, con presencia de agua líquida en su superficie, un elemento clave para la posible existencia de vida.
En definitiva, la identificación de este delta fluvial enterrado no solo cambia lo que se sabía sobre la historia del planeta rojo, sino que también abre nuevas posibilidades en la búsqueda de señales de vida antigua en Marte.



