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El país tiene una deuda con el libro Nacho y su autor

Con el libro Nacho, el país tiene una deuda pendiente, urgente e inevitable. ¿Cuántos de los actuales periodistas influyentes aprendieron a leer con sus páginas? ¿Cuántos de los empresarios que mueven las grandes corporaciones? ¿Cuántos de nuestros políticos, líderes cívicos o religiosos? Muchos, sin dudas.

El homenaje que acaba de rendir a su autor, el profesor Melanio Hernández, la Cooperativa Nacional de Servicios Múltiples de los Maestros, es un paso firme en la dirección correcta: reconocer su valor y rescatar su legado.

El libro Nacho ha sido instrumento fundamental para la formación de millones de lectores en el país y en otras latitudes —Colombia, Costa Rica, Ecuador, Venezuela— gracias a su difusión por editoriales educativas internacionales.

Más que una cartilla, fue una intuición adelantada a su tiempo: un ejercicio temprano de lo que hoy entendemos como neuroeducación, al asociar palabras en contextos significativos para facilitar el entendimiento y la asimilación de los códigos lingüísticos.

Cuando se evocan los símbolos de la dominicanidad, se citan los emblemas patrios, el plátano, la bachata, el merengue. Pero rara vez se menciona Nacho, obra de una figura casi anónima: un maestro de escuela primaria rural llamado Melanio Hernández y lo que evoca la portada del libro Nacho.

Maestro y pedagogo, Hernández fue una figura clave en la alfabetización inicial no solo en República Dominicana, sino en buena parte de América Latina. Su trayectoria abarcó el aula, la inspección educativa y la dirección de centros docentes, siendo Nacho su obra más trascendente.

El acto de homenaje organizado por la Cooperativa Nacional de Servicios Múltiples de los Maestros resultó profundamente emotivo. Logró que los maestros de hoy —representados por la concurrencia— asumieran con sensibilidad el valor de una trayectoria ejemplar, marcada por la vocación, la entrega y la trascendencia.

El profesor Santiago Portes, presidente de COOPNAMA, destacó las cualidades humanas y pedagógicas de Hernández. En la misma línea se pronunciaron el doctor Cruz Jiminián y el expresidente de la cooperativa, profesor Octavio del Carmen Bremón.

En 1973, Hernández —entonces un maestro aparentemente sencillo, pero dotado de una visión pedagógica extraordinaria— creó la cartilla Nacho, basada en su experiencia directa en el aula. Hoy permanece entre nosotros como maestro retirado, aunque sin el reconocimiento nacional que, por justicia histórica, debería ostentar plenamente.

El libro Nacho, libro inicial de lectura, se consolidó como uno de los textos más influyentes en la alfabetización latinoamericana. Su trascendencia no es casual: responde a una armoniosa combinación de claridad metodológica, sensibilidad cultural y eficacia comprobada a lo largo de generaciones.

Fue diseñado para enseñar a leer y escribir de forma gradual, visual y práctica, integrando el reconocimiento de vocales, la asociación imagen–palabra y ejercicios de trazado orientados al desarrollo psicomotor.

Introdujo métodos pedagógicos accesibles que facilitaron la alfabetización de millones de niños, convirtiéndose en uno de los textos escolares más difundidos del Caribe y América Latina durante décadas. Su metodología marcó generaciones completas de lectores, incluyendo padres y maestros que aún reconocen en sus páginas el punto de partida de su vínculo con la lectura.

La importancia de Nacho radica en su capacidad de lograr una alfabetización masiva y efectiva. Se constituyó en la puerta de entrada al universo de la lectura para millones de niños, gracias a un método que permite aprender en un tiempo relativamente breve.

Otro de sus grandes méritos es la democratización del aprendizaje: un libro accesible, económico y comprensible, útil tanto en escuelas formales como en procesos comunitarios y familiares.

A ello se suma su permanencia generacional: padres, maestros y abuelos lo comparten como una memoria común, creando una continuidad cultural y pedagógica poco frecuente en materiales educativos.

Este valor se potencia por su profunda adaptación cultural: lenguaje, imágenes y situaciones reflejan contextos latinoamericanos, facilitando la identificación del niño con el contenido.

Diversas instituciones educativas han reconocido su aporte a la enseñanza básica, y en la República Dominicana su autor es considerado uno de los pilares de la educación primaria.

El homenaje de la Cooperativa Nacional de Servicios Múltiples de los Maestros, realizado en su sede central, es también un llamado a la conciencia nacional: volver la mirada hacia un hombre sencillo que logró una proeza educativa sin precedentes.

El reconocimiento de COOPNAMA a Hernández se fundamenta en su compromiso con la educación pública, en el impacto social de su obra en la formación de generaciones de docentes y estudiantes, y en su decisiva contribución a la alfabetización como base del desarrollo nacional.

José Rafael Sosa

José Rafael Sosa

José Rafael Sosa es un periodista, gestor cultural y crítico de cine y teatro dominicano con más de 25 años de trayectoria en medios de comunicación. ha trabajado en grandes diarios como El Nacional, La Noticia y El Nuevo Diario; revistas como ¡Ahora! y Semanario Firme; radio en Radio Central, Radio Mil Informando y Cadena de Noticias; y televisión en programas de Color Visión como La Super Tarde y Super Revista. Fundador en 2008 de www.joserafaelsosa.com y autor de libros de literatura. En la actualidad, edita los medios institucionales www.adompretur.com y www.elcooperadordigital.com, además de contribuir a ensegundos.do y remolacha.net. Ganador de diversos premios nacionales de periodismo desde 2007 hasta la fecha, Sosa destaca por su compromiso con la promoción de la cultura dominicana, combinando periodismo investigativo con análisis profundos de artes escénicas y eventos literarios.