La NASA anunció este miércoles que el inodoro de la misión Artemis II nuevamente funciona, aunque sus problemas recurrentes desde el lanzamiento muestran que la carrera espacial aún no ha resuelto un desafío muy terrenal: cómo hacer las necesidades y mantenerse saludable en un entorno donde la gravedad no ayuda y los fluidos flotan.
El retrete de la nave Orión ha presentado dificultades con el sistema de evacuación de aguas residuales, especialmente en la parte de la orina, con acumulación de hielo, olores extraños y otros incidentes que llevaron a su clausura temporal varias veces. El astronauta canadiense Jeremy Hansen informó que al abrir el baño, “el resto de la tripulación lo podía oler de inmediato”.
Este retrete forma parte del Universal Waste Management System (UWMS), un sistema de nueva generación desarrollado por la NASA con una inversión de 23 millones de dólares.
El reto de ir al baño sin gravedad
En la Tierra, el peso ayuda a que los fluidos y residuos bajen, pero en microgravedad, la tarea depende de ventiladores, succión, embudos, mangueras, separadores de gas y líquido, y contenedores sellados. Fallas en estas piezas afectan la higiene, la moral de la tripulación y la seguridad operativa en misiones largas.
Durante los programas Mercury, Gemini y Apolo, los astronautas no tenían un baño funcional. Usaban dispositivos rudimentarios para la orina y bolsas adhesivas para los desechos sólidos, un procedimiento descrito como “un total desastre” por los propios tripulantes.
En Apolo 10, en 1969, el comandante Thomas Stafford reportó un incidente con excremento flotante, mientras que los pilotos John Young y Eugene Cernan comentaban que no era suyo.
Con las misiones Skylab, el transbordador espacial y la estación espacial, la tecnología mejoró, pero los problemas persistieron. El astronauta David Wolf relató que parte de su entrenamiento consistió en manejar el retrete, y durante la era del transbordador, William McArthur contó que un sistema sanitario se inundó, liberando “un galón de aguas negras” con olor desagradable.
Estos inconvenientes pueden afectar la salud de los astronautas: hasta 2020 se registraron 43 episodios de cálculos renales, además de infecciones urinarias y renales, y la deshidratación frecuente agrava los riesgos.



