Philippe Quint ha llegado por segunda vez al país, con la misma capacidad de sorprender y admirar. Y ha entregado, nueva vez, una experiencia artística para no ser olvidada nunca.
La primera fue bajo la dirección del maestro Ramón Tebar en 2015. Entonces dejó claro que se trataba de un solista consagrado y matizado por la pasión que genera el saberse creador de sentimientos profundos en la gente a partir de la música.
Gracias al maestro Amaury Sánchez, Quint ha vuelto al país, esta vez para interpretar el Concierto para violín en re mayor, Op. 35 de Piotr Ilich Tchaikovsky, respecto de la cual los conocedores de la música imperecedera dicen que es imposible de interpretar por las dificultades de su exigente digitación y sus pasajes de pasión, premura y exuberancia rítmica.
Quint demostró no solo que era posible hacerlo con impecabilidad, sino que produjo un impacto emotivo y estético en el público que llenó la sala Carlos Piantini del Teatro Nacional.



