El precio de la gasolina en Estados Unidos sigue subiendo y ya se ubica en 4.23 dólares por galón, marcando su punto más alto en lo que va del año. Este incremento se produce en un contexto de inestabilidad energética a nivel mundial, impulsado en gran medida por las tensiones en Oriente Medio.
Uno de los factores clave detrás de esta alza es el conflicto en Irán, que lleva más de tres meses sin una salida clara y continúa afectando el suministro global de petróleo. A esto se suma la situación en el estrecho de Ormuz, un punto vital para el transporte de crudo, donde las restricciones han provocado presión sobre los precios internacionales.
En consecuencia, el petróleo de referencia Brent ha escalado hasta los 114.60 dólares por barril, acercándose a niveles elevados registrados recientemente. Este comportamiento repercute directamente en el costo del combustible, que en apenas un mes ha subido más de 1.25 dólares por galón, lo que representa un aumento superior al 40%.
El impacto ya comienza a sentirse en los hogares estadounidenses, especialmente entre las familias de menores ingresos, que ven cada vez más limitado su presupuesto. Aunque algunas estaciones han tratado de amortiguar el golpe reduciendo sus márgenes de ganancia, especialistas advierten que esta estrategia difícilmente podrá mantenerse en el tiempo.
Además, crece la preocupación de que el encarecimiento de los combustibles termine trasladándose a otros bienes y servicios, como alimentos y transporte, lo que podría intensificar el costo de vida si la tendencia alcista se mantiene en las próximas semanas.



