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Un dron capta algo casi imposible de ver: el nacimiento de una ballena jorobada

El nacimiento de una ballena jorobada siempre se consideró prácticamente imposible de observar. Sucede en mar abierto, dura poco tiempo y muy rara vez hay alguien en el lugar exacto. Sin embargo, el 28 de julio de 2026, a unos 700 metros de la costa norte de Nueva Gales del Sur, en Australia, un dron logró captar desde el aire lo que muy pocas cámaras han registrado jamás.

El video, que ya ha dado la vuelta al mundo, resulta tan interesante por las imágenes en sí como por lo que hay detrás: las señales que anticiparon el momento, lo que realmente revela el rastro rojizo que apareció en el agua y, sobre todo, lo que no se debe dar por hecho a partir de una grabación.

Una conducta que no encajaba con lo habitual

El piloto de dron y fotógrafo Alexander Forrest se encontraba observando actividad de ballenas jorobadas cerca de Kingscliff, en el noreste de Nueva Gales del Sur, en el marco de una colaboración con ORRCA (la organización australiana dedicada al rescate e investigación de cetáceos).

Lo que llamó su atención no fue el parto en sí, sino lo que ocurrió antes: una hembra se quedó en la misma zona más tiempo de lo normal, cambió su forma de desplazarse y salió a la superficie una y otra vez. Esas señales fueron el primer indicio de que algo fuera de lo común estaba por suceder. Poco después llegó el momento central: un fluido rojizo se extendió en el agua, apareció la cría y se pudo ver su primera respiración. Madre y cría permanecieron juntas el resto de la jornada, y según contó Forrest a Digital Camera World, la grabación se prolongó hasta el atardecer.

Por qué es tan difícil presenciar un parto de jorobada

Se trataría apenas del cuarto nacimiento completo de ballena jorobada registrado en video, y el primero conocido filmado con un dron. Que casi nunca se documenten estos episodios no significa que sean poco frecuentes desde el punto de vista biológico, sino que ocurren lejos del alcance de embarcaciones, cámaras y científicos.

Existe un antecedente comparable: en 2020, los investigadores D. Patton y S. Lawless documentaron un parto de jorobada frente a Lahaina, en Maui, y lo publicaron en la revista Aquatic Mammals. En aquel caso también describieron un líquido marrón, presuntamente sangre, cerca del área genital de la madre, lo que sugiere similitudes con lo observado ahora frente a Kingscliff, aunque no confirma que ambos fluidos tuvieran la misma composición.

Indicios de comportamiento, no un diagnóstico

¿Cómo supo el observador que podía tratarse de un parto? En realidad, no había certeza. La permanencia prolongada de la hembra en la zona, los cambios en su trayectoria y las salidas repetidas a la superficie fueron indicios compatibles con un parto inminente, pero ninguno confirmaba nada por sí solo.

De hecho, ese registro del comportamiento previo, más que la imagen final del nacimiento, es lo que le da verdadero valor científico al video: permite construir una hipótesis sólida sin convertir una impresión visual en una conclusión definitiva.

Lo que el rastro rojizo no puede confirmar

El fluido rojizo es la imagen más llamativa del video, pero también la más fácil de malinterpretar. Su color no permite calcular cuánta sangre hay, ni determinar con exactitud su origen, ni confirmar por sí solo si un parto realmente ocurrió. Los especialistas suelen considerar este tipo de rastro como compatible con un evento de nacimiento, apoyándose en el precedente de Maui, pero eso no equivale a una comprobación química.

Entre lo que este tipo de imagen no puede establecer se encuentra la cantidad exacta de fluido, el origen preciso del mismo y cualquier dato confiable sobre el estado de salud de la madre.

Cómo se verifica un hallazgo como este

Validar un video de este tipo implica responder a tres preguntas distintas. Primero, si la grabación es auténtica y continua, algo que depende de la fecha, la ubicación, los archivos originales y la ausencia de cortes en el clip; en este caso, el evento quedó fechado y localizado con precisión cerca de Kingscliff.

Segundo, si la conducta observada es compatible con un parto real, algo que corresponde evaluar a especialistas en cetáceos comparando el caso con episodios documentados previamente, como el de Maui. Y tercero, qué puede afirmarse realmente a partir de la imagen, ya que datos como la hora exacta del nacimiento, la altura de vuelo del dron o la distancia precisa al animal no constan en las fuentes disponibles, y tampoco existe todavía una validación formal publicada por ORRCA o por una institución científica independiente.

Forrest describió la experiencia como un momento extraordinario, marcado por una fuerte descarga de adrenalina.

El dilema ético de grabar con drones cerca de cetáceos

Un dron reduce la intrusión frente a lo que implicaría acercarse con una embarcación, pero no está exento de riesgos: el ruido, la sombra proyectada y los vuelos bajos pueden alterar el comportamiento del animal si no se respetan ciertas distancias.

La normativa de Nueva Gales del Sur para el uso de drones prohíbe acercarse a menos de 100 metros de un mamífero marino, sobrevolarlo directamente o aproximarse de frente. Cuando hay una cría presente, la distancia recomendada aumenta a 300 metros, precisamente para proteger a los ejemplares más vulnerables en sus primeras horas de vida.

Entre las buenas prácticas recomendadas para grabar cetáceos con drones están mantener siempre las distancias mínimas legales, evitar situarse encima del animal o acercarse de frente, reducir al máximo el tiempo de vuelo sobre el ejemplar, no perseguir a la madre y la cría, y retirarse de inmediato si se observan cambios bruscos de rumbo o señales de estrés en los animales.

Más allá del asombro que generan estas imágenes captadas a 700 metros de la costa de Kingscliff, el episodio deja una reflexión que va más allá de una sola ballena: la tecnología permite hoy observar, sin intervenir, momentos que la naturaleza reservaba por completo a la intimidad del mar abierto.

Amaury Mo

Amaury Mo

Amaury Moreno (Amaury Mo) Comunicador digital, director creativo de Ensegundos.do desde 2007.