SANTO DOMINGO. Para estos días, se están yendo dominicanos que dejan huella en el país por su capacidad de servicio, por su trayectoria luminosa y su generosidad social de difícil descripción. No hemos despedido aún a Luis Martín Gómez, cuando se anuncia la muerte del doctor Antonio Thomén.
Antonio Juan Thomén Acevedo nació en Santo Domingo el 18 de julio de 1933. Se graduó de doctor en Derecho en 1954, en la entonces Universidad de Santo Domingo. El Archivo General de la Nación lo identifica expresamente como defensor de la naturaleza y del medio ambiente. Su vida profesional fue extraordinariamente diversa.
Ahora, al final de una vida socialmente productiva como pocas, terminó la existencia de Antonio Thomén Acevedo, el hombre que hizo posible la lucha por la defensa del medio ambiente.
Este sábado 17 de agosto se dio a conocer su partida, dejando tras sí, una estela de servicios a su país expresados en haber impulsado como nadie más la conciencia ambiental.
Llegar a lo profundo

Pero, más allá de la nota que informa de su deceso y los oficios a sus restos mortales, vale la pena indagar en la obra de este ciudadano que fue precursor de la lucha medioambiental dominicana, dotó al país de conciencia ecológica y contribuyó decisivamente a tener una legislación ambiental que garantizara la integridad de las zonas protegidas y los parques nacionales.
Su actitud de defensa del medio ambiente no era compartida como un simple credo para divulgar; lo conocimos y compartimos en persona. Nos estimuló, mediante información, a reenfocar como periodistas los asuntos del medio ambiente y nos daba consejos personales que en algunos casos nos asombraban en principio. Como cuando nos recomendó nunca usar desodorante en spray —tal cual él se negaba a usar—, optando por desodorantes en crema como el Deporte o la Sudorina Estrella Azul, todo para evitar el daño a la capa de ozono y prevenir el aumento de tamaño de los agujeros en la misma.

El que se ha ido, Antonio Thomén, fue el precursor del ambientalismo de acción. Gracias a Thomén, el dominicano entendió que debía defender la naturaleza y sus recursos. Él sabía tomar ese conocimiento y convertirlo en una cadena de transformación: argumento ciudadano ? campaña pública ? presión institucional ? disposición administrativa ? legislación. Esta combinación permite entender la evolución del ambientalismo dominicano.
Si el padre Julio Cícero y el profesor Eugenio de Jesús Marcano fueron esenciales para la investigación y la clasificación de la flora nacional, y el periodista Félix Servio Doucudray Mansfield, fue el precursor de la narración científica en términos periodísticos, Antonio Thomén fue el factor que dio cuerpo a la lucha medioambiental dominicana. El dio cuerpo, nombre y apellido a la militancia medioambiental en el país.
Quienes tratamos y respetamos a Thomén sabemos que su principal acierto fue haber convertido la preocupación ecológica general en una acción institucional y política. Su fallecimiento pone término a una vida cuyos resultados —incluyendo la aprobación de leyes medioambientales fundamentales, una amplia relación de publicaciones y la generación de una red de acción para lograr medidas específicas de protección ambiental— seguirán pesando sobre el vivir del dominicano y normando su relación con el entorno.
El doctor Thomén fue, fundamentalmente, el principal organizador, activista, articulista, promotor institucional y luchador por la creación de instrumentos legales y administrativos de protección ambiental en la República Dominicana.
Thomén, antes de dedicarse de lleno a la conservación, trabajó en áreas empresariales y administrativas, entre ellas Alcoa Exploration Company, la Compañía Dominicana de Minerales y los Astilleros Navales Dominicanos. También tuvo una etapa diplomática: desempeñó funciones en El Salvador, Guatemala y México. En México permaneció exiliado durante aproximadamente cuatro años y trabajó como delegado de Relaciones Públicas del Banco Nacional de México. Regresó a la República Dominicana en 1961.
En 1963 fundó la Impresora Nacional, institución que dirigió durante décadas, hasta 2012. Esta experiencia resulta importante para comprender posteriormente su capacidad de producir, editar y divulgar materiales relacionados con la conservación.

Era un hombre de afirmadas vocaciones políticas y patrióticas. Durante la Revolución de abril de 1965 participó activamente, circunstancia que forma parte de la dimensión cívica de su biografía. Su rechazo a la intervención militar norteamericana de 1965 lo llevó a ser apresado por efectivos del Army USA.
El medioambientalista
En su libro Memorias de Quisqueya (disponible digitalmente en la biblioteca virtual del Archivo General de la Nación), Thomén describe que su vocación por el entorno fue un proceso tardío. Dice que no nació como científico naturalista y detalla que su despertar ecológico se produjo a partir de una experiencia personal: en una visita a una parcela junto a un río quedó impresionado por la belleza natural.
Posteriormente, adquirió una parcela semejante y comenzó un proceso personal de lectura, investigación y acercamiento a especialistas. Él mismo describió ese proceso como una especie de «maestría particular» en materia de naturaleza y conservación.
Thomén demuestra que el movimiento ambiental dominicano surgió de una sensibilidad ciudadana ante la destrucción de la naturaleza, la cual posteriormente entró en contacto con la ciencia.
1978, un momento decisivo
El año 1978 constituye un punto de inflexión cuando Thomén entra en contacto con un selecto grupo de científicos de la naturaleza compuesto por Eugenio de Jesús Marcano Fondeur, el padre Julio Cícero McKinney e Idelisa Bonnelly de Calventi, entre otros estudiosos de la naturaleza dominicana. De este contacto surge la iniciativa para fundar el Instituto Dominicano de Bioconservación, creado en 1978; es en ese punto donde inicia propiamente la etapa de Thomén como dirigente del movimiento conservacionista, organismo que tuvo el valor de ser uno de los primeros esfuerzos organizados para articular en el pais una visión moderna de conservación.
El Instituto tuvo la importancia estratégica de reunir alrededor de Thomén a personas provenientes de diferentes campos: abogados, científicos, biólogos, naturalistas, investigadores y ciudadanos preocupados por el deterioro ambiental, lo que representó un paso fundamental para pasar de la contemplación de la naturaleza a su defensa organizada.
Ese Instituto y esas relaciones tuvieron un efecto particular en el doctor Thomén, quien comenzó a impulsar una concepción que posteriormente se convertiría en política ambiental: proteger bosques, fuentes de agua, especies, áreas naturales y ecosistemas no como asuntos aislados, sino como parte del patrimonio nacional.
Otro momento fundamental de su trayectoria fue su designación como primer director ejecutivo de la Comisión Nacional para el Medio Ambiente, puesto que desempeñó de manera honorífica y que le permitió llevar la preocupación ecológica desde el ámbito de las organizaciones conservacionistas hacia el Estado dominicano, particularmente en torno a la promoción de áreas protegidas, parques nacionales, reservas científicas, monumentos naturales, normas de conservación, disposiciones administrativas y políticas de protección de recursos naturales.
La Academia de Ciencias ha establecido que la existencia actual de áreas protegidas, monumentos, parques nacionales y reservas científicas está estrechamente relacionada con los aportes realizados por Thomén.
Uno de sus mayores méritos históricos consiste en haber participado en el proceso que condujo a la creación de una institucionalidad ambiental dominicana. No fue el único, pero su rol fue fundamental y oportuno. La Ley General sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales (Ley 64-00), promulgada en el año 2000, fue el resultado de un proceso reflexivo en el que participaron ambientalistas, científicos, juristas, legisladores, instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil.
Las fuentes lo presentan como un hombre dispuesto a enfrentarse a intereses económicos y políticos cuando consideraba que amenazaban los recursos naturales. Tuvo que encarar a sectores empresariales, militares, funcionarios, ministros, representantes diplomáticos y grupos de interés que se oponían a la protección del entorno.
Incidencia en la opinión pública
El gran instrumento de Thomén fue la palabra escrita. Publicó artículos en diarios como El Caribe, Hoy y El Nacional. El Archivo General de la Nación confirma esa trayectoria periodística y señala que en 1989 apareció una antología de sus escritos bajo el título En defensa de la naturaleza. Se le considera pionero en la creación de la opinión pública medioambiental; gracias a Thomén, los problemas ecológicos se transformaron en temas de conversación nacional.
En defensa de la naturaleza
Su libro En defensa de la naturaleza, publicado en 1989, constituye probablemente uno de los documentos más importantes para reconstruir la evolución temprana del pensamiento ambiental dominicano. No se trata únicamente de una obra informativa, sino de un testimonio de militancia ambiental que compila sus artículos periodísticos.
El libro crucial

Años más tarde, publica a través del Archivo General de la Nación su obra fundamental: Memorias y testamento de un ecologista (2016). Con 336 páginas, esta obra adopta la forma de memoria personal, recopilación de documentos, artículos, episodios de lucha del movimiento ambiental, reflexiones ecológicas e historia institucional, escrita con el propósito explícito de legar una memoria histórica a la nación.
El ingeniero Eleuterio Martínez, entonces presidente de la Academia de Ciencias, escribe en prólogo, en el cual dice:
A buena hora nos llega este libro que habrá de sentar un hito en la historiografía ambiental dominicana y, seguro, será un documento de obligatoria consulta para profesionales de todos los campos del conocimiento, estudiantes, educadores, religiosos y, sobre todo, para los jóvenes que miran hacia el porvenir y sueñan con una patria grande, donde el ambiente, la dignidad y el respeto por la vida sean principios sagrados por siempre.
El libro puede leerse acá: https://bvearmb.do/handle/123456789/998?utm_source=chatgpt.com
Legado que florece en la tierra
Antonio Thomén convirtió sus experiencias de lucha ambiental en un testimonio histórico y en un legado para las generaciones que deberán continuar la defensa del patrimonio natural dominicano. Su partida no deja un vacío, sino un compromiso sembrado en la conciencia de cada dominicano.
Su partida deja la lección de que amar la patria es defender sus ríos, sus bosques y sus valles; que la voz de un ciudadano firme puede transformar leyes y mover conciencias.
Thomén no solo defendió la tierra: nos enseñó a contemplarla con respeto y a protegerla con coraje. Hoy, en el murmullo de los árboles y en el discurrir libre de las aguas que ayudó a salvaguardar, vive y perdurará para siempre la huella verde de su memoria.



