Tras meses de pleito en los tribunales, el creador de contenido Ángel Martínez, conocido en redes como «El Detective», terminó reconociendo que dañó la reputación de la ministra de Interior y Policía, Faride Raful. La confesión le valió una condena de un año de prisión suspendida y la obligación de desembolsar 2 millones de pesos a favor de la funcionaria.
El caso se resolvió mediante un procedimiento penal abreviado conocido por la jueza Clara Luz Almonte, de la Segunda Sala Penal del Distrito Nacional. Durante la audiencia, Martínez se disculpó con Raful y le aseguró que no tenía nada personal contra ella.
La condición que más pesa: silencio total sobre Raful
Para que la pena siga suspendida y no tenga que pisar una celda, Martínez tendrá que cumplir varias reglas durante los próximos doce meses. La más importante, según subrayó la propia jueza, es que no podrá publicar absolutamente nada sobre Faride Raful, ni en redes sociales ni en medios escritos.
Además, deberá mantenerse viviendo en su residencia de Ciudad Nueva, en el Distrito Nacional, o en cualquier otra dirección que informe previamente al tribunal. Cualquier mudanza tendrá que comunicarla al juez de ejecución de la pena, ante quien también tendrá que presentarse cada mes para fines de vigilancia.
Si incumple cualquiera de estas condiciones, la suspensión quedará sin efecto y tendrá que cumplir el año completo tras las rejas.
¿Qué ley violó?
De acuerdo a Marisol Aquino en Diario Libre, Martínez fue sancionado por violar los artículos 21 y 22 de la Ley 53-07 sobre Crímenes y Delitos de Alta Tecnología, normativa que castiga la difamación y la injuria cometidas a través de medios electrónicos.
No es la primera vez que el comunicador enfrenta este tipo de proceso. En pocos meses ha acumulado dos condenas por difamación e injuria, y en julio pasado también admitió haber perjudicado al exministro Roberto Fulcar, con quien buscaba un acuerdo en otro expediente similar.
«No soy un robot»: la reacción de Martínez
A su salida del tribunal, el hombre de 73 años se defendió diciendo que es un ser humano y no una máquina. Recordó que ya ha pasado por todas las cárceles y reclamó su derecho a disfrutar en libertad el tiempo de vida que le queda.
Raful: «un ejemplo para la sociedad»
Por su parte, la ministra valoró la sentencia como una señal para el país de que las leyes contra la difamación deben cumplirse. Aunque reconoció que ningún fallo repara del todo el daño recibido, entiende que la decisión ayuda a frenar la impunidad en los ataques contra el honor de las personas y de las instituciones.
Raful, quien habló con la prensa a las afueras del tribunal junto a su abogado Miguel Valerio, insistió en que es necesario hacer valer las normas para proteger el buen nombre de cada ciudadano.



