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La IA consume cada vez más agua

La carrera por desarrollar inteligencia artificial cada vez más potente está generando un problema que rara vez aparece en las discusiones sobre chips y algoritmos: los centros de datos necesitan enormes cantidades de agua para mantener sus servidores a temperaturas seguras. Mientras las grandes tecnológicas amplían sus instalaciones, varias comunidades estadounidenses empiezan a preguntarse de dónde saldrá ese recurso.

En Texas, un grupo de investigadores encontró una posible respuesta en un lugar inesperado. La industria petrolera produce a diario millones de litros de agua contaminada y muy salada, que en buena parte termina inyectada bajo tierra. Un estudio de la Universidad de Texas en Austin sostiene que la tecnología para transformar ese residuo en agua utilizable ya existe. La pregunta clave es otra: cuánto costaría, cuánta agua se podría recuperar y si el proceso realmente aliviaría la presión sobre los recursos hídricos locales.

De acuerdo a Martín Nicolás Parolari en Gizmodo, las estimaciones de los investigadores indican que el consumo de agua de los centros de datos estadounidenses podría multiplicarse entre dos y cuatro veces hacia 2028, hasta alcanzar entre 150.000 y 270.000 millones de litros al año. Mientras tanto, la cuenca del Pérmico, una de las mayores regiones petroleras del país, genera cada día aguas residuales equivalentes a unas 1.200 piscinas olímpicas. El trabajo, publicado en la revista Water Research, evalúa cómo convertir aguas salobres, marinas y residuos petroleros en agua apta para sistemas de refrigeración.

Tratar agua extremadamente salada es posible, pero caro

Los investigadores estudiaron dos tecnologías ya existentes. La primera es la ósmosis inversa, que usa membranas para separar las sales. La segunda es la compresión mecánica de vapor, que permite tratar líquidos mucho más salinos mediante evaporación y condensación, aunque consume más energía. Con agua de mar, una configuración híbrida recuperó unos 736 litros de agua tratada por cada 1.000 kilogramos de agua inicial, a un costo estimado de 3,2 dólares por metro cúbico. Con residuos petroleros de alta salinidad, la recuperación fue de 753 litros, pero el costo subió a 10,4 dólares por metro cúbico, y el consumo energético fue bastante mayor.

Los autores señalan, además, que incluso los métodos más intensivos en energía representarían una fracción relativamente pequeña de la demanda eléctrica total de un gran centro de datos. Aun así, se trata de resultados de modelización, no de una demostración de que todas las instalaciones puedan adoptar el sistema de forma rentable.

Cambiar de fuente no elimina el impacto

El estudio introduce una métrica llamada Intensidad de Utilización de Agua Salina (SWUI), diseñada para medir cómo la desalinización afecta el estrés hídrico de cada región. En sus escenarios, las estrategias de mayor recuperación redujeron ese indicador hasta un 40 % en zonas con escasez de agua.

Aun así, el trabajo advierte que sustituir agua dulce por residuos industriales no resuelve el problema por sí solo. Hay que considerar la energía necesaria, el transporte, la composición química del agua, la gestión de las salmueras que quedan como residuo y las condiciones de cada cuenca. La alternativa es prometedora, pero todavía debe comprobarse a escala comercial. Existe una paradoja evidente: una industria que lleva décadas buscando deshacerse de grandes volúmenes de agua podría terminar aportando parte del recurso que necesita otra de las industrias que más rápido crece.

Amaury Mo

Amaury Mo

Amaury Moreno (Amaury Mo) Comunicador digital, director creativo de Ensegundos.do desde 2007.