¿Qué sabe usted sobre la violencia intrafamiliar?

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La obra más reciente del Dr. Lino Romero, esta vez con el título “Violencia intrafamiliar. Un enfoque socio-cultural. Vulnerabilidad y agresión en la historia dominicana”(1) debería convertirse en una suerte de libro de cabecera o un vademécum para todos los dominicanos que alguna vez en su vida han tenido que lidiar en el hogar con este traumático problema, pues la obra brinda recetas de cómo reconocerlo y enfrentarlo.

1. Definición:  psiquis, socio-cultura e historia. Fuera de los estudios sobre el tema emprendidos por organizaciones no gubernamentales u organismos oficiales, el trabajo del Dr. Romero es de los poquísimos, si no el único, de los realizados por especialistas de la salud mental, que explica y aporta soluciones  al problema de la violencia en sentido general o específico, como es el caso de la violencia intrafamiliar en nuestro país. La razón es que este grave problema y su forma de sanación solo puede ser abordado por las disciplinas que estudian lo que se ha llamado la psiquis o “alma humana”, la cual no es otra cosa que el cuerpo mismo, aunque haya otros especialistas que, auxiliarmente, puedan arrojar luz en este campo como son los historiadores, sociólogos, juristas y antropólogos, pero debe reconocerse que son los sicólogos, siquiatras y sicoanalistas como especialistas de la conducta humana quienes tienen la primera palabra.

El tema de la violencia, y la específica, no puede ser estudiado unilateralmente, sino a partir de los enfoques multidisciplinarios, en razón de su complejidad, pero pasa primero, dicho estudio, por la subjetividad, o sea, el estudio particular de un sujeto único y contradictorio, sentado en el consultorio del especialista.

Esto es así debido a que los autores de tratados sobre la violencia general o particular –los sicólogos, los siquiatras y los sicoanalistas– concluyen en que solo el sujeto adulto es responsable de sus propios actos y no los demás ni el mundo, aunque los demás y el mundo pueden convertirse en activadores o detonantes de conductas violentas por parte de un sujeto específico, pero siempre serán eso, activadores o detonadores, pero en última instancia estará el sujeto como único responsable de las consecuencias de sus actos violentos o de la transformación de su conducta. De ahí que el libro del Dr. Romero tenga dos subtemas: 1) un enfoque socio-cultural y 2) vulnerabilidad y agresión en la historia dominicana.

Estos dos subtemas, el primero sociológico y cultural y el último histórico, empalman como estudios multidisciplinarios del problema de la violencia intrafamiliar que el distinguido autor va a estudiar en su libro a partir del análisis de conductas de sujetos muy particulares.

Existe algo en lo que los especialistas que he citado anteriormente no se ponen de acuerdo: las causas y los orígenes de la violencia y, en el caso que nos ocupa, su variante, la violencia intrafamiliar o doméstica.

Esta disparidad de criterios puede afectar el resultado del estudio particular de un sujeto violento que llega al consultorio, pero el especialista estará siempre obligado a vérselas con una sola persona que ha cometido actos violentos, ya sea dentro o fuera del hogar.

¿Por qué los seres humanos somos violentos, incluido hasta el más pacífico de todos? El Dr. Romero intenta en su obra aportar una explicación del problema y para eso ha recurrido a los grandes maestros: la violencia es una conducta aprendida en el hogar (Dollard y sus socios de Yale University, p. 24).

En los seres humanos debe existir –y esto es una conjetura que hago– un gen de la violencia, al igual que existe, ante un peligro inminente, un mecanismo de defensa en los demás animales que no hablan, y que llaman instinto. Algún día el estudio del genoma humano aislará este gen, que debería funcionar igualmente como máquina de guerra unas veces o como mecanismo de defensa ante un peligro inminente, tal como funciona en la zoología. Nosotros, animales linguo-parlantes, gracias al lenguaje, la historia y la cultura, hemos aprendido a controlar ese gen abstracto pero que se vuelve real cada vez que reaccionamos con violencia ante un peligro o utilizamos la violencia dentro o fuera del hogar sin que haya motivo ni peligro para eso. Si no hay motivo ni peligro para ser violentos.

¿por qué ejercemos la violencia dentro o fuera del hogar? Tal violencia y su falta de control proceden de la personalidad con la que venimos al mundo y que, dicen los especialistas, se forma entre los tres y los siete años de la niñez, trasmitida por nuestros padres en el hogar.

Todo lo que seremos a partir de esa edad nos ha sido implantado, discursiva y prácticamente en el cerebro, por nuestros padres. A esa transmisión es a lo que los sicólogos Eric Berne(2) y Stephen Karpman(3) le llaman, el primero programación emocional; y el segundo en su teoría del triángulo dramático compuesto de perseguidor, salvador y víctima, guión de vida. Después de ese lavado cerebral de los padres, cada niño viene al mundo con uno de estos seis tipos de personalidad establecidos por TaibiKahler(4): trabajólica, reactiva, persistente, soñadora, rebelde o promotora. Pero una de las seis personalidades será la dominante y las cinco restantes estarán subordinadas a la primera en un orden jerárquico que solo el especialista determinará en el consultorio cuando estudie a cada sujeto específico.  Es bueno aclarar que el concepto de guión de  vida de Karpman rompe con la falsa creencia de que nuestros actos en este mundo están regidos por el destino. Pero el destino es una creencia acomodaticia que nos permite liberarnos de la responsabilidad de nuestros actos y achacárselos a Dios o a cualquier otra fuerza invisible y superior a nosotros mismos.

La programación emocional o guión de vida que cada niño ha recibido de sus padres consiste en un sistema de creencias irracionales y pensamientos automáticos que el sujeto se forma acerca de sí mismo, de los demás y del mundo y entonces actúa basado en las conversaciones mentales que él sostiene en torno a tales creencias irracionales y pensamientos automáticos, los cuales son para el sujeto verdades inconmovibles.

Las creencias irracionales y los pensamientos automáticos, teorizados por el sicólogo norteamericano Lynn Clark(5) son falsos, aunque la mente del sujeto los procese como verdaderos y conducen a dicho sujeto a actuar de forma violenta cuando otros sujetos no actúan de acuerdo a su voluntad. Voluntad que el sujeto intenta imponerse a sí mismo, a los demás y al mundo y cuya moral retorcida y rígida se la ha formado entonces el sujeto violento con los famosos tres deberes (yo dedo, tú debes, él deben, es decir que yo, usted y el mundo debemos ser como el sujeto violento desea y en el momento en que él lo desea).

A la menor contradicción, ese sujeto violento, de moral rígida y retorcida completada con los famosos “deberes”  y los cinco conectores calientes teorizados por el Dr. Clark, es decir, 1. Condenar y maldecir; 2. No-lo puedo-soportar-ismo; 3. Catastrofismo; 4. No valgo nada; y, 5. Siempre o Nunca, desencadenan en el hombre o la mujer que los padece, ansiedad, ira, depresión, furia, cólera y búsqueda de venganza en razón de la baja tolerancia a la frustración y la baja autoestima que él o ella recibieron durante el período de tres a siete años cuando los padres le formaron la personalidad. A estos tres “deberes” y “los cinco conectores calientes” se les unen, para crear el arquetipo de sujeto violento, las once creencias y conversaciones mentales irracionales explicadas por el Dr. Lynn Clark en su libro “Ayuda con las emociones” (www.sosprogram,com, pp. 123-132) y que veremos más adelante.

Escrito por DIÓGENES CÉSPEDES para el periodico Hoy

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