Sebastiao Salgado: A la fotografía le quedan 20 años

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Río de Janerio. Sebastiao Salgado aparece cojeando y con muletas. El fotógrafo brasileño se rompió el menisco en su último viaje a la Amazonia, donde retrata comunidades indígenas desde hace tres años. Pero, vestido de gala para recibir un premio, se sienta y dispara: “la fotografía se está acabando”.

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AFP/Archivos / François Guillot

A sus 72 años, uno de los mejores fotógrafos del Siglo XX y XXI se siente tan desconectado de las tecnologías, los celulares y las aplicaciones tipo Instagram, como las tribus que lleva inmortalizando los últimos meses.

“No sé ni prender una computadora”, confiesa con una sonrisa.

El hombre que ha inmortalizado la pobreza y la naturaleza más salvaje alrededor del mundo sigue trabajando como se hacía antes: con negativos e impresiones, que revisa y toca. Aunque ahora hace las fotos con una cámara digital.

“Me adapté un poco, como los dinosaurios antes de morir”, bromea ante un reducido grupo de periodistas en la entrega del “Premio Personalidad” de la Cámara de Comercio Franco-Brasileña en Rio de Janeiro.

Pero Sebastiao Salgado no tiene Instagram ni “nada” de eso.

“No me gusta. Se que a los jóvenes les gusta, pero yo no lo consigo”, confiesa.

A veces -explica con su voz melosa- ojea el celular de sus sobrinos y se horroriza al ver cómo las aplicaciones para compartir fotos acaban sirviendo para “exhibir toda tu vida, para que todos la vean”.

“Mira, a veces hay fotos interesantes, pero para hacer fotografía tienes que tener una buena cámara, con un lente adaptado, tienes que tener una serie de condiciones, luz… No puede ser un proceso automatizado del celular”, espeta.

 La fotografía no es imagen 

Autor de libros antológicos como “Trabajadores” (1996), “Otras Américas” (1999), “Éxodos” (2000) o “Génesis” (2013), Salgado considera que la fotografía tiene que pasar por el papel.

“La fotografía se está acabando porque lo que vemos en el celular no es fotografía. La fotografía se tiene que materializar, la tienes que imprimir, ver, tocar, como cuando antes los padres hacían álbumes de fotos de sus hijos”, reflexiona.

“Estamos en un proceso de eliminación de la fotografía. Hoy tenemos imágenes, no fotografías”, insiste.

De hecho, Salgado recuerda cómo en el rodaje del premiado documental sobre su vida “La sal de la Tierra” (2014), la cámara de rodaje que Wim Wenders y su hijo usaron era la misma que él emplea en sus trabajos.

“Una cámara ya no es una cámara 100% fotográfica”, se lamenta este fotógrafo autodidacta que estudió para economista.

Hijo de una generación analógica y prácticamente artesanal, el brasileño se atreve a poner una fecha de caducidad: “No creo que la fotografía viva más de 20 o 30 años. Pasaremos a otra cosa”.

Pero antes de que su profecía se cumpla, Salgado trata de aportar su granito de arena.

Su última obsesión: buscar las raíces de su país en las comunidades indígenas de la selva amazónica para que la recuerden los más jóvenes con exhibiciones en escuelas y universidades.

“¡Brasil es uno de los pocos países del mundo que puede convivir con su prehistoria!”, dice emocionado el artista, arqueando sus espesas cejas blancas.

Aunque durante un tiempo se deprimió por lo que vio a través del lente y creía que no había esperanza para el hombre, Salgado salió adelante refugiándose en la naturaleza con su proyecto ecológico Instituto Tierra.

Ahora, a caballo entre París y Brasil, está entusiasmado con la Amazonia. Ni su menisco roto ni la edad lo detienen.

“Después de esto, no se qué haré”. Salgado hace una pausa y sonríe: “Si la otra rodilla no se me rompe…”.

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