Washington, Estados Unidos. Abruptamente despedido este miércoles por Donald Trump, el secretario de Justicia Jeff Sessions conoció una breve luna de miel con el presidente estadounidense, a la que siguió un largo período de travesía por el desierto.

Este conservador de cabellos canos prolijamente peinados y finos anteojos se sabía en el banquillo luego de que se negó a participar en la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016, una decisión que el magnate republicano jamás le perdonó.

Sessions había respaldado la candidatura de Trump a la Casa Blanca en una época en la que nadie apostaba un centavo en favor del exitoso hombre de negocios. Ambos habían coincidido en la necesidad de montar una alianza anti-establishment.

Trump lo recompensó una vez que llegó al gobierno designándolo fiscal general, un cargo que le permitía supervisar al FBI, los fiscales y diversas agencias federales estratégicas.

Sessions, que nunca abandona sus talante calmo y exhibe una bonhomía que inspira confianza, parecía muy satisfecho de ocupar ese prestigioso puesto. Para este senador del pequeño estado de Alabama, marginal en el aparato del Partido Republicano, significaba una clara promoción.

Desde ese cargo se sintió libre de expresar sus convicciones sobre la necesidad de combatir la inmigración clandestina en un país en el que los trabajadores blancos son injustamente dejados de lado, donde los valores cristianos ya no son tenidos en cuenta y el orden público es violado demasiado a menudo, según sostiene.

– En el nombre del padre –

Esas ideas Trump las comparte. Sin embargo, cuando estos dos hombres están uno al lado del otro el contraste es enorme.

Ambos tienen prácticamente la misma edad, pero el presidente es alto y corpulento, y Sessions bajo y de apariencia frágil. El primero de hablar violento y el segundo tiene una voz aflautada con acento meridional.

Trump es un multimillonario nacido en Nueva York y Sessions proviene del país profundo, hijo del propietario de un comercio con clientela rural. Uno adora el lujo, y el otro aprecia la vida frugal.

Tres veces casado, el presidente se vanagloria de sus conquistas femeninas. Jeff Sessions está casado hace casi cincuenta años con una maestra afecta a las obras caritativas.

Jefferson Beauregard Sessions III recibió el mismo nombre que su padre y su abuelo, que a su vez lo heredó de Jefferson Davis, presidente de los estados confederados sudistas durante la Guerra de Secesión.

El renunciante secretario nació en Selma, una ciudad conocida por la violenta represión policial a militantes por los derechos civiles que manifestaban de manera pacífica en 1965.

Sus detractores aseguran que este ex boy scout diplomado en Derecho por la Universidad de Alabama continúa asumiendo esa herencia racista y lo critican por ser favorable a la pena de muerte y oponerse al aborto.

– Declaraciones controvertidas –

Unas muy polémicas declaraciones que efectuó en los años 1980 lo persiguen hasta hoy: era fiscal de Alabama cuando le dijo a un abogado blanco que estaba “avergonzando a su raza” por haber aceptado defender a negros.

Se lo acusa también de haberse dirigido a un fiscal negro llamándolo “boy”, un término de fuerte connotación racista en Estados Unidos.

En 1986, cuando el Senado examinaba su candidatura a un puesto de juez federal ese pasado salió a la luz. Desmintió por entonces que hubiera utilizado la palabra “boy” y dijo que unos comentarios en los que parecía disculpar al Ku Klux Klan eran humorísticos.

Sus justificaciones de poco le valieron, porque su nominación fue rechazada por la cámara alta, algo absolutamente inusual.

De todas maneras ello no impidió que Sessions fuera electo y reelecto como senador en base a un programa claramente conservador, en el cual hacía gala de su firmeza en la guerra contra las drogas.