Con una expresión “fría” e inmóvil como una estatua, el ex sacerdote Edwin Taveras Guzmán escuchó su condena de 30 años tras las rejas en la cárcel modelo de Najayo, dictada anoche por las juezas del Tribunal Colegiado de la provincia Santo Domingo, tomada a unanimidad.

Mientras que los familiares del adolescente de 16 años de edad, asesinado por Taveras Guzmán en enero del 2018, Fernely Carrión Saviñón, quien era su monaguillo, irrumpieron en llanto. El hecho ocurrió en agosto de 2017, en el sector Hainamosa, municipio Santo Domingo Este.

Según informa la periodista Adriana Peguero, el padre de la víctima, Freddy Carrión, preso de la ira, la impotencia y el dolor, se fue sigiloso detrás del exsacerdote con la intención de golpearlo, pero los policías se lo impidieron.

Precisa el periódico Listín Diario que Taveras Guzmán fue condenado por la comisión de delitos graves en violación los artículos 296, 297, 298 y 302 del Código Penal Dominicano, así como los artículos tres, 396 literal “C” de la Ley 136-03, en contra del menor Fernely Carrión.

El tribunal también lo condenó a pagar una indemnización de un millón de pesos a favor de las víctimas y el pago de las costas civiles.

Se recuerda que el exsacerdote dijo en la ocasión que el joven tomó un cuchillo y lo atacó, y él tuvo que defenderse.

Sin embargo el Tribunal comprobó que Edwin Taveras Guzmán le infringió cuatro heridas por la espalda a Fernelis y de acuerdo a la autopsia, quedó agonizante, pero lo remató cortándole el cuello.

Primera condena

Desde la Fundación de la República hasta hoy, esta es la primera vez que un miembro de la iglesia Católica recibe la pena máxima en el país por un hecho.

Para los abogados de la familia del occiso, la condena fue justa, aunque dicen que jamás los familiares sanarán la herida que le causó el asesinato por un cura al que veían como un santo.

El abogado Francisco Medrano, sin embargo, precisó que la pena no es suficiente, pero las leyes no permiten más. “Ningún juez se había atrevido en situaciones iguales o peores a condenar un miembro de la iglesia Católica”, aseguró.

Mientras la abuela de Fernely lloraba desconsolada, porque 30 años de cárcel no le devolverían a su pariente. “Eso valía mi muchacho, 30 años, pero si Dios lo quiso así. Nadie me devuelve mi hijo, nadie. Pero estoy agradecida de la justicia, porque le puso la pena máxima”, manifestó.

El Tribunal lo integran las juezas Josefina Ubiera, Flor Batista y Marleny Santo, que fijaron para el 1 de marzo, la lectura íntegra la sentencia.

Mientras la jueza que preside el Tribunal colegiado daba lectura a las pruebas documentales y periciales que dan como culpable al exsacerdote, este la miraba fijamente y apenas pestañeaba.

Se quedó inerte cuando ella le recordó que él mismo llamó el menos a su casa y allí lo atacó por la espalda con un martillo, y que como “tiro de gracia” le cortó el cuello con un cuchillo cuando éste estaba en el suelo. Le recordó que asesinó el adolescente en su vivienda, que limpió las evidencias, vendió el carro donde lo tramsportó y arrojó el cadáver en unos matorrales.