¿Alguna vez ha tenido que tomar una posición en contra de muchas opiniones contrarias, por ser fiel a Cristo? ¿O amigos o compañeros de trabajo han querido alguna vez hacer algo malo o participar en una actividad pecaminosa, y usted fue el único que dijo que no? Cuando la voz piadosa es superada en número, puede ser difícil decir lo que se piensa en cuanto a la verdad de Dios.

Todos tenemos convicciones que definen quiénes somos y determinan nuestro estilo de vida y nuestras decisiones. Es posible que nos guste pensar que se trata de un asunto privado, pero en realidad, nuestras convicciones siempre están a la vista de todos, pues damos a conocer lo que creemos cada día con nuestras palabras y acciones.

Puesto que las convicciones tienen una influencia poderosa, debemos examinar lo que dicen de nosotros las que tenemos. ¿Nos están guiando a una vida de rectitud de acuerdo con la voluntad de Dios, o son tan débiles que nuestra vida está dominada por la vieja naturaleza carnal?

Dios nos ha dado principios de su Palabra para guiarnos, protegernos y ayudarnos a tener una vida de rectitud. Estas normas son como barandillas que nos impiden desviarnos del camino cuando las tentaciones nos llaman. Al mantenernos firmes en estas convicciones, seguimos un camino que se ajusta a nuestra identidad en Cristo. En vez de ir con la multitud, debemos andar en la voluntad de Dios y abstenernos de los pecados que nos rodean.

El tiempo para demostrar nuestras convicciones es antes de que enfrentemos las tentaciones, no en medio de ellas. Necesitamos principios bíblicos sólidos e inquebrantables para determinar lo que creemos.

Fuente Encontacto.org

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