Muy caro, lento y censurado por el gobierno: seis meses después de la llegada de internet a los teléfonos móviles en Cuba, sus habitantes no ocultan su frustración, en un país que sigue siendo uno de los menos conectados del mundo.

Bajo la etiqueta #BajenLosPreciosDeInternet, varios centenares de cubanos lanzaron recientemente una campaña en Twitter para reclamar tarifas al alcance de sus bolsillos.

“Tenemos hambre, hambre de información, hambre de navegar, hambre de conocimiento y libertad intelectual”, escribió un cibernauta, mientras que otro destacaba con indignación: “No es posible que internet sea un lujo en pleno siglo XXI”.

Y “nuestra única empresa de telecomunicaciones nos espía y censura impunemente”, añadió un tercero.

Atrás quedó la euforia del 6 de diciembre de 2018, día en que Cuba se convirtió en uno de los últimos países del planeta en activar internet en los celulares.

El operador público Etecsa informó a finales de abril que, de los 4,5 millones de líneas móviles existentes, “más de 2,3 millones pueden acceder a internet”, sin precisar el número real de los que tienen ese servicio, aún inaccesible para la mayoría de los cubanos.

– Sitios bloqueados –

Los paquetes de datos móviles van desde 7 dólares por 600 megas hasta 30 dólares por 4 gigas en un país en el que el salario medio de los empleados públicos -la gran mayoría de la población activa- es de 30 dólares al mes.

Los mismo sucede con la conexión a internet fija, a la que sólo están conectados 79.000 hogares cubanos, a pesar de que el país tiene una población de 11,2 millones de habitantes.

“Si quieres conectarte a internet desde el hogar las 24 horas del día y los 7 días de la semana (…), debes pagar el equivalente a 800 dólares mensuales”, porque “no hay tarifa plana en ese servicio, como sí la hay en el resto del mundo”, explica Norges Rodríguez, coordinador del blog Yucabyte.org, dedicado a las nuevas tecnologías.

“El poder adquisitivo del cubano es uno de los más bajos del hemisferio, el salario mínimo también está en los últimos lugares de la lista y el acceso a internet no es de los más baratos”, se lamenta el bloguero.

Y el reciente permiso para importar routers y para la creación de redes wifi privadas (utilizando la señal inalámbrica de Etecsa) es considerada por muchos como una buena noticia falsa, porque para beneficiarse de ella hay que pagar a dólar la hora.

Rodríguez destaca que la conexión internet a la que acceden sus compatriotas es limitada: de un lado, “el gobierno (cubano) bloquea sitios web, sobre todo de medios de prensa, donde se publican contenidos que al gobierno le desagrada”.

Del otro, agrega, “debido a las sanciones económicas de Estados Unidos (que mantiene a la isla bajo embargo desde 1962), también algunos sitios web están bloqueados”, así como algunos “servicios de Apple, Google, Amazon”.

– Sin vuelta atrás –

Un día de febrero del año pasado, Abraham Jiménez descubrió que su revista en la red, “El Estornudo”, estaba bloqueada.

“Me empezaron a escribir lectores, y me decían que no podían acceder a ella, y entonces yo tampoco pude acceder. Intentamos ver si era algún problema con el servidor”, contó Jiménez.

Seis meses después, la revista, que ofrece una visión independiente sobre la actualidad cubana, continúa inaccesible, sin que Jiménez recibiera hasta ahora una explicación oficial.

Según él, la reticencia del gobierno responde al impacto de la expansión de internet, sobre todo después del arribo de la 3G, que trajo un nuevo viento a la isla socialista.

“Eso ha generado en las redes sociales un discurso diferente al oficialista”, con un efecto en la vida real: los cubanos ya organizaron una manifestación a través de internet “contra el maltrato de los animales, una marcha independiente por los derechos de la comunidad LGBT”, movilizaciones antes impensables, ilustra Jiménez.

“Y eso es a lo que teme el gobierno”, apunta.

Con él coincide Larry Press, profesor de la Universidad de Texas y autor de un blog sobre Cuba.

Press recuerda que en 1996, cuando comenzaba a extenderse el uso de internet, el país, gracias a su “experiencia en redes heredada de la Unión Soviética”, tuvo muy pronto su primera conexión “subvencionada por Estados Unidos”, precisamente por la Fundación Nacional para la Ciencia.

Pero la perspectiva de desarrollo a gran escala asustó a sus autoridades, que temieron disturbios sociales y un cambio político similar a la Perestroika.

Entonces, “decidieron no continuar”. “Hoy, pienso que eso (el temor) aún está en su mente”.

Sin embargo, una vez instalada la 3G, “ya no pueden volver atrás”, considera Jiménez.