Maestro del funk, genio de la música, visionario radical… mucho se ha elogiado al legendario artista Prince, pero el coautor de su nueva memoria no encuentra palabra que sintetice el trabajo del artista fallecido.

“Prince sería capaz de inventar alguna. Me encantaría que estuviera aquí para ayudarme a expresar lo que sentí al conocerlo”, dice Dan Piepenbring entre risas.

Algunos meses antes de su muerte en abril de 2016, Prince eligió al entonces joven de 29 años para ayudarlo a escribir una memoria que “rompiera el molde de las memorias”.

“Si quiero que este libro sea sobre una cosa general, es la libertad. Y la libertad de crear de forma autónoma”, escribe Prince en “The Beautiful Ones” (“Los bellos”), publicado esta semana.

“Quiero decirle a la gente que sea creativa. Simplemente comienza creando tu día”. “Y entonces crea tu vida”, dice Prince.

La muerte del artista a los 57 años de una sobredosis de opioides cambió los planes del libro, que buscaba ahondar en la personalidad creada durante una ilustre carrera de décadas en la que dio forma y reformuló el futuro del pop.

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“Trataba de esconder todo lo que había ahí afuera sobre él; sentía que muchas cosas estaban mal, o mal dirigidas”, dijo Piepenbring a la AFP.

El libro era una forma de “corregir el registro”, dijo el escritor. Pero “no le llevó mucho tiempo darse cuenta de que el libro podía ser mucho más que eso, que no solo tenía que ser correctivo sino que había mucho poder en este medio”.

“Creo que la forma realmente lo entusiasmó; como una extensión de sus letras de canciones”.

Primer beso

El libro incluye reflexiones de Piepenbring de su colaboración con el enigmático Prince, un catálogo de imágenes con fotos y páginas de cuadernos de sus inicios con letras escritas a mano y una sinopsis de lo que acabaría siendo su obra emblemática “Purple Rain”.

Pero es una sección de páginas escritas a mano en el guión del artista lo que comprende la base del libro.

En su léxico único que reemplaza las palabras con letras y números únicos (Prince fue uno de los primeros en adoptar la jerga de Internet), la superestrella se vuelve poética sobre su vida en la ciudad de Minneapolis, donde creció.

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En particular, ahonda en recuerdos y pensamientos sobre sus padres, y su profunda influencia sobre él.

Su prosa graciosa y sincera describe episodios de epilepsia infantil, su pubertad, su primera película para mayores y su primer beso cuando, de niño, cuando jugaba en casa con su amiga Laura, que “se parecía a Elizabeth Taylor, pero pequeña”.

“Laura me besó tres veces ese día. Cada vez fue el 1ero”, escribió. “Esos besos… fueron todo para mí”.

Según Piepenbring, Prince era “un narrador convincente, divertido y animado”, con un “segundo intelecto”. “Su mente estaba siempre en movimiento. Parecía que estuviera siempre 12 pasos adelante de todos”.

Piepenbring habló por última vez con Prince cuatro días antes de su muerte. “Fue la primera vez que no tuve mariposas”, recordó. “Me pareció que le quedaba tanta vida por vivir”, dijo el autor.