Hombre murió por covid-19: familia vive una odisea cuando la funeraria perdió el cuerpo

El caso de Nathaniel Hallman, ha dejado indignación entre sus familiares y su comunidad.

Hallman (72), falleció el 17 de abril en un hospital de la ciudad de Nueva York -la que fue el epicentro de la pandemia en Estados Unidos- tras permanecer peleando por su vida en la sala de cuidados intensivos de un hospital.

El hombre, que años atrás se había dedicado a la reparación de electrodomésticos y ahora era el diácono de una iglesia en la que se congregaba junto a su esposa, fue internado debido a una neumonía en febrero, pero en los siguientes dos meses su salud empeoró, hasta llevarlo a la muerte.

Indica el Heraldo que tras ser notificadas de su muerte, su esposa Mitzi y su ahijada Hope se dieron a la tarea de buscar un lugar dónde poder darle sepultura a su ser querido. Sin embargo, así como ellas, miles de dolientes se aglomeraban en las funerarias intentando hallar un cupo.

Hallman junto a su esposa Mitzi.

Ante el dolor de la pérdida de su esposo, Mitzi estaba destrozada, por lo que su ahijada se ofreció a encarse del procedimiento con la funeraria.Tras llamar a todas las cercanas, e incluso, consultar sus posibilidades en una funeraria de Nueva Jersey, al otro lado de la ciudad, todos sus intentos fracasaron.

Gracias a la ayuda de un pastor de otra congregación, quien logró contactar a un conocido suyo identificado como James H. Robinson, que tenía un historial de haber trabajado durante 20 años en el negocio fúnebre, la solución había llegado.

Tras muchas súplicas y luego de explicarle que si no ayudaba a esta familia el cadáver de Nathaniel Hallman sería enterrado en una fosa común, Robinson accedió a colaborar y envió a alguien que se presentó en un vehículo de la funeraria para recoger el cuerpo en la morgue del hospital.

La familia de Hallman siguió de cerca el vehículo, pero al llegar al lugar la persona que supuestamente recibiría el cuerpo se negó a hacerlo y tuvieron que conducir 25 kilómetros hacia Brooklyn para llegar a la funeraria Andrew T. Cleckley, lugar donde Robinson dijo que los recibirían, ya que él trabajaba ahí, pero al llegar la historia fue la misma, los empleados no querían hacerse cargo de se cuerpo pero finalmente aceptaron.

Tras el alivio de la familia por haber hallado un lugar que por fin se haría cargo de cremar los restos de su ser querido, Robinson contactó al religioso que los había ayudado y le escribió en un mensaje lo siguiente: “No puedo recibir mas cuerpos tenemos 124 cuerpos en el camion, no puedo”. El reverendo le recordó que él lo había ordenado y le agregó: “Deberías habérmelo dicho desde el inicio. Sé que estás ocupado y que tienes un montón de cuerpos pero una vez que me dijiste que me podías ayudar, te tomé la palabra. Por favor, la familia depende de esto”.

Volvieron a acordar continuar con el proceso de cremación y Robinson solicitó 500 dólares para el procedimiento, dinero que la familia pagó a través de un depósito bancario. El 29 de abril fue fijado como el día de la cremación, pero cuando la familia Hallman llamó a la funeraria le dijeron que staba cerrada por mantenimiento.

Ese mismo día un mensaje anónimo alertó a la policía sobre dos camiones de mudanzas llenos de cadáveres en descomposición en Brooklyn. En pocas horas la noticia había recorrido los medios y la ahijada de Hallman se asustó y llamó al hombre con quien habían pactado los actos fúnebres de su padrino, su sorpresa fue aún mayor cuando el hombre le dijo a través de una llamada: “No sé quién es Nathaniel Hallman”.

Tras no encontrar respuestas a pesar de haber hecho los procedimientos y pagos correspondientes, la joven buscó ayuda ante todas las autoridades de la ciudad y pasó dos semanas preguntando en todas las funerarias y morgues dónde estaban los restos de Hallman. Finalmente, El 5 de mayo, una funeraria se contactó con ella y le avisó que tenían el cuerpo del fallecido el cual había sido rescatado en descomposición junto a otros 60 cuerpos que se encontraban en aquel camión, pero que no habían podido identificarlo antes porque los nombres habían sido cambiados.

Ese fue el final de la odisea que vivieron para encontrarlo y el 25 de mayo, más de un mes después de su muerte, pudo ser incinerado. Ahora la familia libra una batalla legal en contra de los implicados en la desaparición y mal manejo del cuerpo de su ser querido.

“No puedo recibir mas cuerpos tenemos 124 cuerpos en el camion no puedo”, texteó Robinson, al día siguiente, a Morton. El reverendo le recordó que él lo había ordenado y le agregó: “Deberías habérmelo dicho desde el inicio. Sé que estás ocupado y que tienes un montón de cuerpos pero una vez que me dijiste que me podías ayudar, te tomé la palabra. Por favor, la familia depende de esto”.