Los hijos de inmigrantes en Italia batallan por el “Jus soli”, el derecho a la nacionalidad

En latín se dice “Jus soli”, el derecho del suelo, o a la nacionalidad. De eso trata la batalla que los hijos de inmigrantes en Italia han relanzado impulsados por el movimiento Black Lives Matter en Estados Unidos, que ha puesto de moda un lema y un derecho.

El pasado 7 de junio, varios miles de manifestantes marcharon en Roma para rendir homenaje a George Floyd, el afroestadounidense que murió el pasado 25 de mayo a manos de un policía blanco, que se arrodilló sobre su cuello por casi nueve minutos.

Entre la multitud resaltaban los jóvenes africanos, italianos, pero también los hijos y nietos de numerosos inmigrantes, nacidos en Italia, la llamada “segunda generación” o “G2”, pero sin pasaporte italiano.

Toda una franja de la población, sin voz, que gracias al Black Lives Matter, el movimiento G2, se ha despertado en estos meses y que ha convocado una manifestación para el 19 de septiembre en Roma.

– “Italianos sin ciudadanía” –

Se trata de hijos y nietos de inmigrantes, que comparten el mismo idioma y los mismos códigos culturales del país de acogida, pero que pueden acceder a la ciudadanía sólo a los 18 años y bajo ciertas condiciones.

Para obtenerla deben cumplir una carrera llena de obstáculos. De los 5,3 millones de extranjeros residentes en Italia en 2019, alrededor de 1,3 millones tienen menos de 18 años.

Casi el 75% de ellos nació en la península y la mayoría ha ido a la escuela italiana y en muchos casos no conoce el país de origen de los padres.

Residen en Italia con la nacionalidad de sus padres y cuentan con un permiso de residencia para poder vivir en la península.

“En este país, la ciudadanía no es un derecho, sino una concesión”, lamenta Fatima Maiga, de 28 años, nacida en Italia y de origen marfileño, cofundadora de la asociación “Italiani senza cittadinanza” (italianos sin ciudadanía), creada en 2016, un punto de referencia para esa “segunda generación”.

De acuerdo con la Ley para la Nacionalidad, que data de 1992, un extranjero nacido en Italia puede solicitar la ciudadanía cuando llegue a la mayoría de edad (18 años), y no más tarde de los 19 años, con la condición de haber “residido legalmente en Italia y (…) sin interrupciones” durante su minoría de edad.

Si pierde esa posibilidad, puede solicitarla si demuestra que desde hace diez años tiene la residencia legal, y certifica una renta mínima de al menos 8.500 euros anuales (unos 10.000 dólares) durante tres años.

“Si en el primer caso se trata de un derecho, aunque limitado, el segundo (la residencia tras 10 años) está sujeto a una valoración caso por caso de los ‘méritos individuales del demandante’”, explicó a la AFP Nazzarena Zorzella, abogada y activista.

– Un asunto cultural –

La prensa se hizo eco recientemente del caso de Luca Neves, cocinero de origen caboverdiano nacido en Roma que, a los 32 años, no ha podido obtener la ciudadanía porque no presentó la solicitud a los 18 años.

Además de esas estrictas normas, la burocracia italiana es enredada.

“Solicité la nacionalidad a los 18 años y tuve que esperar 4 años para recibir mis papeles”, contó Marwa Mahmoud, 35 años, nacido en Egipto.

Hasta que obtienen sus papeles, los representantes del “G2” son considerados extranjeros no europeos y deben renovar regularmente su permiso de residencia.

Para muchos de esos “ciudadanos no italianos”, es difícil obtener certificados de nacimiento, así como los antecedentes penales en los países de origen, como pide la ley.

El plazo máximo de dos años para la tramitación de las solicitudes de nacionalidad se amplió a 4 años en 2018, por sentencia del ex ministro del Interior Matteo Salvini (extrema derecha).

Gracias a la red “G2”, el Partido Democrático (centro-izquierda) reclama una reforma basada en el criterio de “jus soli moderado” (con 5 años de residencia), reforma rechazada en 2017 por el parlamento.

El tema despierta sentimientos encontrados en toda Italia. Las encuestas más recientes (Ipsos en 2019) muestran que el 53% de los italianos están a favor de un cambio en la ley.

La extrema derecha se ha pronunciado siempre en contra: “La nacionalidad no es un boleto para el parque de atracciones”, advirtió Salvini en 2017.

Aunque el PD apoya la ley moderada, el partido aliado para gobernar, el Movimiento 5 Estrellas (M5E, antisistema), evita el espinoso tema.

Para Marwa Mahmoud, el asunto es cultural: “Lo que le falta a nuestra generación es que la conozcan”, dijo.

“La condición de un menor no acompañado, que llegó en una patera, no se puede comparar con la de un niño hijo de inmigrantes, que nació y se crió aquí”, explica.