Tensos oficiales desenfundaron las armas mientras los legisladores se ponían máscaras de gas y los manifestantes rompían las ventanas: esto ocurrió el día en que el intento del presidente Donald Trump de revertir las elecciones estadounidenses se fue de las manos de una forma «salvaje».

En el gran edificio abovedado del Capitolio de Estados Unidos, inicialmente fuera de la vista de las cámaras, ocurrieron escenas que parecían bastante similares a un golpe de estado.



Los simpatizantes de Trump, ondeando sus banderas azules y los gorros rojos de la campaña, irrumpieron en el edificio y avanzaron derecho a la cámara de debates.



Una foto que se viralizó en Twitter mostró a guardias de seguridad, vestidos de civil, apuntando con pistolas a través de la ventana rota de una puerta para evitar que entrara más gente.



Los legisladores recibieron máscaras de gas para que se protegieran del gas lacrimógeno mientras huían por su seguridad.

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Para aquellos que huían, era una carrera contra el tiempo: los manifestantes estaban entrando tan rápidamente como salían los miembros del Congreso.

Algunos de ellos ocuparon la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y se tomaron fotografías ocupando burlonamente su escritorio.

«No veo nada como esto desde que estuve desplegado en Irak», dijo Mike Gallagher, un legislador republicano y veterano de guerra, al canal de noticias CNN.

Trump había estado diciendo que quería evitar que el Congreso certificara oficialmente este miércoles la victoria del demócrata Joe Biden.

El presidente no tenía ninguna manera de lograrlo legalmente.

Lo intentó. Amenazó al vicepresidente, Mike Pence, quien debía presidir la ceremonia.

Pero Pence le dijo que no tenía ninguna manera constitucional de hacerlo. Las reglas eran claras.

Así que los simpatizantes de Trump intervinieron y, al menos de forma temporal, descarrilaron la sesión y literalmente paralizaron la democracia.

La turba cumplió su misión después de la última arenga de su líder.

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Trump les ofreció un discurso de más de una hora en el National Mall. Les dijo un torrente de afirmaciones falsas y teorías conspirativas según las cuales él debería seguir siendo presidente aún a pesar de haber perdido las elecciones de noviembre.

Y luego los alentó a marchar al Congreso.

En minutos, la turba subía en tropel los escalones del Capitolio. Luego, pequeños grupos violentos se enfrentaron con la policía y finalmente pudieron entrar.

Imágenes de televisión mostraron a hombres, algunos con ropa militar, rompiendo una ventana y trepando hacia ella. Otros se subieron a los techos de los vehículos negros de los oficiales, estacionados frente al Congreso y abandonados por sus conductores.

Trump había prometido a sus seguidores que este miércoles sería un día «salvaje» para la capital de Estados Unidos.

Y así fue.